La Columna Durruti



Génesis    

Parte el 24 de julio desde el Paseo de Gracia en Barcelona, hacia Zaragoza, por Lérida. Estaba formada por unos 2000 voluntarios y voluntarias, marchando con el himno de la CNT-FAI  ¡A las Barricadas!, liderada por Buenaventura Durruti


La avanzada de la Columna de Durruti en el momento de entrar en la provincia de Zaragoza


Combates:   

    - Caspe en 1936

    - Bujaraloz: son bombardeados por la aviación nacional.




    - Pina









    - Osera

El Ebro y la carretera a Bujaraloz vista desde Osera

Trinchera entre Osera y Villafranca de Ebro


Entrada de las milicias en el pueblo de Osera


At the front near Osera, columna Durruti


Cerca de Osera. Una miliciana oberservando el paso de uno de nuestros aviones




    - Siétamo


















    - Fuentes de Ebro
    - Farlete
    - Monte Aragón
    - Estrecho Quinto
    - Madrid, en la Ciudad Universitaria: Defienden con las agrupaciones de centurias de José Mira y Liberto Ros y las Centurias 44, 48 y 52 (sólo de internacionales), unidades fogueadas veteranas con numerosos mineros, dinamiteros, una fuerza de élite de unos 1400 hombres.

    Entran en combate por primera vez en Madrid en el contraataque del 16 de noviembre en la Ciudad Universitaria. Durante todo ese día y esa noche hubo un combate titánico. En la mañana hubo cuerpo a cuerpo al encontrarse los dos bandos atacando. Kleber, de la XI BI no cumplió las órdenes, atacando con mucho retraso, dejando la iniciativa a esta columna. Rojo pediría sanciones contra él.

    El 18 de noviembre sólo quedaban 700 hombres y en malas condiciones. Todas las tropas fueron reemplazadas menos esta columna, que tampoco recibió rancho alguno (estuvo tres días sin provisiones).

    El 19 de noviembre Durruti se entrevista con Rojo y Miaja. En su columna sólo quedaban 400 hombres.

   Contra todo pronóstico, las líneas aguantaron al esfuerzo titánico del ejército nacional que lanzó cuanto tenía al combate. Las operaciones en la Ciudad Universitaria habían impedido la caída de Madrid en manos de los sublevados.

    El 19 de noviembre es herido de muerte Durruti, muriendo el 20 de noviembre a las 6 horas. Ricardo Sanz se hizo cargo de los restos de la columna y Manzana partió para Aragón para ocuparse de la que actuaba allí.


Organización:


Jefes y oficiales de la 121 Brigada de la División 26 (Columna Durruti) antes de empezar el combate


- Centurias a 24 de Julio de 1936

    I Centuria: Delegado Arís
    II Centuria: Delegado Setonas
    III Centuria: Delegado El Padre
    IV Centuria: Delegado Juan Costa
    V Centuria: Delegado Muñoz
    Tres baterías de artillería: Comandante Claudín

- Organización a 15 de agosto de 1936 con 4500 combatientes.

Ocupaban los 78 kilómetros de frente de guerra; desde Velilla de Ebro hasta Alcubierre:

Primer sector. Delegado Ruano
1 Agrupación (cinco centurias). Delegado José Mira
2 Agrupación (cinco centurias). Delegado Liberto Ros
3 Agrupación (cinco centurias). Delegado José Esplugas

Segundo Sector. Delegado Miguel Yoldi
4 Agrupación (cinco centurias). Delegado José Gómez Talón
5 Agrupación (cinco centurias). Delegado José Tarín
6 Agrupación (cinco centurias). Delegado J. Silvestre

Tercer Sector. Delegado Mora
7 Agrupación (cinco centurias). Delegado Subirats
8 Agrupación (cinco centurias). Delegado Edo
9 Agrupación (cinco centurias). Delegado R. García

Grupo Internacional. Delegado Louis Berthomieu

Composición: en cinco grupos de cincuenta. Total 250.
Delegados: Ridel, Fortin, Charpenteir, Cottin y Carles

- Resumen

Delegado general de Centurias: José Esplugas
Agrupaciones: Miguel Yoldi
Sectores: Rionda (Rico)
Artillería: Capitán Botet
Tanques (Blindados): Bonilla
Consejeros militares: Comandante Pérez Farras y Sargento Manzana
Delegado General de la Columna: Buenaventura Durruti
Comité de Guerra: Miguel Yoldi, José Esplugas, Rionda, Ruano,Mora y Durruti
Responsable de Información Comité de Guerra: Francisco Carreño
Asesores Militares: Comandante Pérez Farras, Sargento de Artillería Manzana, Capitanes de Artillería Botet y Carciller
Delegados a 24 de Julio de 1936  

    Buenaventura Durruti
    Pérez Farrás
    Manzana
    Carreño
 
Fuentes    
- Llista GCE
- El ejército popular de la República, de Carlos Engel
- Durruti, de Abel Paz





video

La Columna «Durruti»

Extracto del libro de Abel Paz, Durruti en la Revolución española, de Fundación Anselmo Lorenzo.
A medida que la Columna avanzaba, y al pasar por los pueblos, la gente se agolpaba para ver pasar la caravana. Más de uno exclamaba, al ver a Durruti:

"-¡Pero, no puede ser un jefe! ¡No lleva galones!"

Otros, mejor informados, replicaban "que un anarquista nunca es jefe y, por la tanto, no lleva galones".
En otros lugares, los campesinos recibían a la Columna con gritos de alegría y vivas a la CNT-FAI. En todos los lugares donde la Columna hacía un alto, y los campesinos se arrimaban en tomo de los llegados, Dufrllti descendía del coche para hablar con los vecinos del pueblo:

"-¿Habéis organizado ya vuestra colectividad? No esperéis más. ¡Ocupad las tierras! Organizaos de manera que no haya jefes ni parásitos entre vosotros. Si no realizáis eso, es inútil que continuemos hacia adelante. Tenemos que crear un mundo nuevo, diferente al que estamos destruyendo.

Si no es así, no vale la pena que la juventud muera en los campos de batalla. Nuestro campo de lucha es la revolución" [83]. De este modo iba naciendo, al paso de la Columna, y antes de emprender la batalla contra los militares fascistas, un mundo nuevo, porque ése y no otro era el objetivo del combate.

En Caspe hubo un primer encuentro con los fascistas. El capitán de la Guardia Civil, Negrete, había dominado el pueblo. Desde el día 23 de julio, un grupo importante de milicianos que habían salido por su cuenta y riesgo de Barcelona, entre los que se encontraban los hermanos Subirats, presentaron batalla; ya estaban entregados a ella cuando llegó la Columna allí, y gracias a su intervención se liberó Caspe. Con esa conquista, la Columna fue ya engrosándose y detrás de ella fueron quedando los pueblos de Fraga, Candasnos, Peñalba, La Almanda, etc., llegando a Bujaraloz el día 27 de julio, donde, provisionalmente, se instaló el Comité de Guerra [84].

Al día siguiente, la Columna se puso en marcha hacia el Ebro, con objetivos en Pina y Osera para alcanzar Zaragoza. Al poco de ponerse en marcha, y a unos kilómetros de Bujaraloz, la Columna entró en contacto con la realidad de la guerra. La aviación fascista salió a su encuentro bombardeándola, acción que desmoralizó ano pocos de los milicianos que, llenos de pánico, echaron a correr. La reacción era lógica. El bombardeo, por su sorpresa, había sido mortífero, causando una docena de muertos y más de veinte heridos, entre ellos el comandante de Artillería Claudín, que mandaba las tres baterías de la Columna.

Un grupo de los que componían la Columna, obrando por instinto, se interpuso a los que corrían y con su prestancia de ánimo impidieron que se contagiara el pánico y terminar aquella expedición en una lamentable retirada. Ante aquel choque, Durruti comprendió que era preferible hacer marcha: atrás e informarse mejor sobre las posiciones del enemigo, evitando con ello caer en una emboscada. En ese retomo hacia Bujaraloz, Durruti se enteró que en uno de los camiones se encontraba Emilienne, enrolada también como miliciana. La miró sonriendo, sin hacer comentario alguno. Sobre este encuentro, Mimi escribe:

"Fue en ese pueblo (Bujaraloz), hoy ya histórico, donde encontré a mi compañero, después de dos semanas de separación. Pasada la primera emoción, organizamos inmediatamente el Cuartel General de la Columna. En una habitación sombría y húmeda, comenzamos las primeras tareas y sin material organizamos la primera administración de esta Columna de mil hombres que iba rápidamente a crecer. Fue de ese pequeño pueblo, triste y austero, de donde salió toda la formación de nuestra Columna, bien imperfecta al principio, pero que poco a poco estuvo en la medida de dar satisfacción a las enormes necesidades de varios miles de hombres" [85].

Trayecto, avance y situación de las Columnas republicanas catalano-aragonesas



Verano de 1936

1. «Bueno» (pequeña columna compuesta casi toda por catalanes de Esquerra).

2. «Lenin» (columna compuesta por milicianos del POUM y un núcleo de Internacionales) .

3. «Ascaso» (columna importante compuesta por milicianos de la CNT-FAI, anexionando las fuerzas militares de Barbastro. Delegado general: Gregorio Jover}.

4. «Aguiluchos» (columna compuesta por milicianos de la CNT-FAI. Delegado general: García Vivancos).

5. «Carlos Marx» (columna compuesta por milicianos del PSUC. Delegado general: José del Barrio).

8. «Maurín» (columna compuesta por milicianos del POUM, en su mayoría obreros de Lleida. Delegado general: José Rovira).

7. «Durruti» (columna compuesta por obreros de la CNT -FAI. Delegado general: Buenaventura Durruti).

8. «Sur-Ebro» (columna compuesta por obreros de la CNT-FAI. Delegado general: Antonio Ortiz).

9. «Peñalver» (pequeña columna salida de Tarragona, compuesta por obreros y militares. Delegado general: Peñalver).

10. «Mena» (columna pequeña salida de Tarragona. Delegado general: Mena).

Estas dos últimas columnas fueron absorbidas por la Sur-Ebro y la Macia-Companys, al mando esta última de Pérez Salas.

Vueltos ya a Bujaraloz, Durruti tuvo una primera discusión con Pérez Farras. Como militar profesional que era éste, y no aprobando los métodos que Durruti empleaba, aprovechó la circunstancia habida para recomendarle que estructurara mejor la Columna y revisara su plan de ataque a Zaragoza. En cualquier otro momento Durruti hubiera acogido las observaciones de Farras de buen grado, pero entonces sintió un punzante orgullo herido, ya que comprendía que esas observaciones no eran desinteresadas sino que nacían de una crítica al modo de organización libertaria. Durruti le repuso que cualquiera que no fuese libertario hubiera corrido también despavorido ante el citado ataque. Pero que existía la diferencia de "que esos hombres que habían corrido hoy, mañana se batirían como leones, pero sólo si se les trataba como obreros sorprendidos y no como soldados desertores ante el enemigo" [86].

Desde el balcón de la alcaldía de Bujaraloz, Durruti se dirigió a los hombres de la Columna que se habían concentrado en la plaza. Pronunció un discurso duro; quizá, según confesión de uno de los oyentes, el más sentido discurso que Durruti había pronunciado en su vida militante:

"-Amigos, nadie ha venido a esta Columna forzado. Es cada uno de vosotros que habéis elegido libremente vuestra suerte, y la suerte de la primera columna de la CNT y de la FAI es muy ingrata. García Oliver lo anunció por radio en Barcelona: salíamos para Aragón a conquistar Zaragoza o dejar la vida en el intento. Yo repito la misma cosa: antes que retroceder, hay que morir. Zaragoza está en manos de los fascistas, y allí se encuentran centenares, miles de obreros bajo la amenaza de los fusiles, que pueden dispararse a cada instante ocasionando la muerte de nuestros hermanos. ¡¿ Para qué hemos salido de Barcelona, sino es para liberarles?! Ellos nos esperan y nosotros, ante el primer ataque enemigo, echamos a correr. ¡Hermosa manera de mostrar al mundo ya nuestros compañeros el coraje de los anarquistas que se llenan de miedo ante tres aviones! "La burguesía no nos permitirá implantar el comunismo libertario simplemente porque ése es nuestro deseo. La burguesía resistirá porque ella defiende sus intereses y sus privilegios. El único medio que tenemos nosotros para implantar el comunismo libertario es destruyendo la burguesía. El camino de nuestro ideal es seguro, pero hay que seguirlo con coraje. Esos campesinos que hemos dejado tras nosotros, y que han comenzado a poner en práctica nuestras teorías, lo han hecho tomando nuestros fusiles como garantía de su cosecha. Si dejamos el camino libre al enemigo, eso quiere decir que esas iniciativas tomadas por los campesinos son inútiles, y lo que es peor aún, los vencedores les harán pagar su audacia asesinándoles. Es éste y no otro el sentido de nuestro combate. Lucha ingrata que no se parece a ninguna de las que hemos librado hasta ahora. Lo que ha pasado hoy no es nada más que una simple advertencia. Ahora la lucha va a empezar de verdad. Nos enviarán toneladas de metralla y tendremos que defendemos con bombas de mano y hasta con cuchillos. A medida que el enemigo se sienta cercado nos morderá como una bestia acorralada. y morderá duramente. Pero aún no ha llegado a ese punto, y ahora se bate para no caer bajo el peso de nuestras armas. y es más, él cuenta con el apoyo de Alemania y de Italia, y nosotros contamos nada más que con la fe en nuestro ideal, pero contra esa fe se han quebrado los dientes todas las represiones. y hoy se los tiene que quebrar también el fascismo.

"Nosotros contamos a nuestro favor la victoria que hemos conseguido en Barcelona, y debemos aprovechar con rapidez esa ventaja, porque si no la aprovechamos, el enemigo, abastecido por los alemanes e italianos, será más fuerte que nosotros y nos impondrá la dura ley del vencido. "Nuestra victoria depende de la rapidez de nuestra acción. Cuanto más pronto ataquemos, más posibilidades tenemos de triunfo. Hasta este momento, la victoria está de nuestro lado, pero no será consolidada si no tomamos inmediatamente Zaragoza... Mañana no puede repetirse lo de hoy. En las filas de la CNT y de la FAI no hay cobardes. No quereínos entre nosotros gente que se asusta ante los primeros disparos...

"A los que han corrido hoy, impidiendo a la Columna.vanzar, yo les pido que tengan el coraje de dejar caer el fusil para que sea empuñado por otra mano más firme... Los que quedemos proseguiremos nuestra marcha. Conquistaremos Zaragoza, libertaremos a los trabajadores de Pamplona, y nos daremos la mano con nuestros compañeros mineros de Asturias y venceremos, dando a nuestro país un nuevo mundo. Y a los que vuelvan, después de estos combates, yo les pido que no digan a nadie lo que ha ocurrido hoy... porque nos llena de vergüenza" [87].

Y un testigo presencial comenta:

"Nadie soltó el fusil, pero aquellos que habían corrido lloraron de rabia ante sus compañeros. La lección había sido dura, pero esos hombres renacieron aquel día. Muchos de ellos fueron excelentes guerrilleros, y muchos también murieron en el transcurso de los treinta y dos meses de lucha desesperada" [88].

"La Columna "Durruti" emprendió su marcha hacia el Ebro, tomando Pina y Osera en combates bastante empeñados. Llegó hasta unos veinte kilómetros de Zaragoza, pero quedó detenida por el río y por la resistencia que opusieron las tropas de la capital aragonesa, estableciendo las tropas de Durruti una buena y eficaz red de trincheras y nidos de ametralladoras en sus últimas posiciones. Desde el Comité Central de Milicias se dio orden a esta Columna de detener su avance y estabilizarse, para esperar que la columna "Ortiz", en el sur del Ebro, dominase Quinto y Belchite. Días antes vadearon con bastante dificultad este río fuerzas de dicha Columna, e hicieron prisioneros por sorpresa a una fuerza de caballería con un capitán y dos tenientes en el pueblo de Quinto, rechazándose con bastante fre cuencia los contraataques de las tropas zaragozanas.

"Era de gran utilidad la información obtenida por esta Columna. Casi cada noche salían obreros de Zaragoza y entraban milicianos armados en la ciudad. Y así pudimos enterarnos de que muchos oficiales navarros habían sido instruidos en Italia y que, a finales de julio, al general Cabanellas le había sucedido en el mando de la V División el general Germán Gil Yuste" [89].

La importancia de la cita anterior reside en el hecho de que, por una vez, se nos aclara de dónde partió la orden que detuvo la marcha de la Columna a veinte kilómetros de Zaragoza. Los técnicos militares todos son coincidentes en apreciar que era indispensable esperar la llegada de las Columnas que partían de Barcelona, para poder atacar frontalmente Zaragoza. Durruti, después de discutir en Bujaraloz con el coronel Villalba {oficial de confianza del C.C. de M.A. en Aragón) y otros jefes militares, pareció aceptar dicha teoría, mejorando sus posiciones entretanto con la conquista de Pina y Osera y entregándose a la vez a una reestructuración de la Columna. Sin embargo, los más destacados militantes de Aragón, como José Alberola, juzgaron erróneo el que la Columna no se lanzara a la conquista de Zaragoza, basándose en dos factores: primero, en la explotación del momento psicológico, que daba el hecho de la victoria de Barcelona y Cataluña y, segundo, que el ataque no debía ser frontal, sino por Calatayud, por la izquierda de Zaragoza y por Tardienta a su derecha 90. Más tarde, cuando se evidenció ya imposible la conquista de Zaragoza, Durruti hubo de reconocer su error, que él lo justificó señalando el riesgo que entrañaba un ataque en el que podía quedar completamente diezmada la Columna y, con ello, el sacrificio estéril de los compañeros que la integraban. En Barcelona el Comité Central de Milicias Antifascistas continuó la organización de columnas, saliendo la "Roja y Negra" {llamada también Columna "Sur-Ebro"), que llevaba como delegado general a Antonio Ortiz, obrero ebanista y miembro del grupo "Nosotros", y como asesor técnico al comandante Fernando Salavera Campos. La misión de esta Columna era ocupar la región situada al sur del río Ebro, y salió de Barcelona el 25 de julio con unos dos mil hombres y tres baterías de artillería.

El día 26 de julio salió la Columna "Del Barrio" (PSUC) 91, que llevaba al mencionado personaje como delegado y al comandante de infantería Sacanell como técnico militar. Su fuerza era de unos dos mil hombres también, y con tres baterías de artillería. La misión que se le encomendó por el Comité Central de Milicias Antifascistas fue la de ocupar la región comprendida entre la ciudad de Tardienta y sierra de Alcubierre, debiendo fijar su puesto de mando en Orañén, y rebasar con su acción Huesca por el sur y ocupar Zuera. Esta Columna tenía una característica especial, y era que contaba con un grupo extranjero compuesto por alemanes, exiliados antifascistas que habían acudido a la Olimpíada Popular que debía inaugurar sus juegos el 19 de julio. Ese grupo de alemanes tomaron el nombre de "Thaelmann", y eran dirigidos por Hans Beimler, conocido militante del Partido Comunista alemán. ..'

El día 25 de julio salió también una Columna del POUM, al mando de José Rovira, y con el asesor técnico el ex capitán italiano Russo. Su fuerza era de unos dos mil hombres, con la misma dotación artillera. Su posición quedó fijada al norte de la Columna "Del Barrio", con su puesto de mando en el pueblo de Leciñena.

Además de las columnas mencionadas se crearon otras de menor importancia. Una de ellas se organizó en el sector donde iba actuar Antonio Ortiz, compuesta por aragoneses evadidos de Zaragoza y mandada por Saturnino Carod, militante de la CNT. Junto a este grupo se encontraba también otra partida que dirigía el anarquista Hilario Zamora, salida de Lérida. Estos dos grupos acabaron por unificarse con la Columna "Ortiz". Lo que también hicieron poco después los 600 soldados llegados de Tarragona, al mando del coronel Martínez Peñalver, al decidir éste su vuelta a Barcelona, por no entenderse según él, con el anarquista Ortiz. Entretanto, llegaron también al sector de Huesca una pequeña Columna del POUM y la Columna " Ascaso", que llevaban como delegados a Oregorio Jover y a Domingo Ascaso, hermano de Francisco. Estas fuerzas, junto con la Columna de tres mil hombres que mandaba el coronel Villalba, con su puesto de mando en Barbastro, comenzaron el sitio de Huesca [92].

La Columna "Durruti", prácticamente paralizada, había avanzado ligeramente sus líneas hasta Pina y Osera, situando su cuartel general en una venta llamada Santa Lucía, en la carretera general de Zaragoza, en pleno corazón de Los Monegros, granero de Aragón. A primeros de agosto, la Columna "Durruti" ofrecía la siguiente organización:

Comité de Guerra. Durruti, Ricardo Rionda, Miguel Yoldi, Antonio Carreño y Luis Ruano. Unidad mayor, la Agrupación, compuesta de 5 Centurias de a cien hombres, repartidos en cuatro grupos de veinticinco. Cada una de estas unidades tenía a su frente un delegado nombrado por la base, y revocable a cada momento. La responsabilidad representativa no confería privilegio ni jerarquía de mando.

Consejo Técnico-militar. Estaba constituido por los militares (oficiales) que había en la Columna. Su representante era el comandante Pérez Farras. y la misión de este consejo era asesorar al Comité de Guerra. No disponía de privilegio alguno ni jerarquía de mando.

Grupos Autónomos. El Grupo Internacional (franceses, alemanes, italianos, marroquíes, ingleses y americanos) , que llegó a contar con unos 400 hombres. Su delegado general, enlazando con el Comité de Guerra, era el capitán de artillería francés llamado Berthomieu, que morirá en septiembre en una acción de guerra.

Grupos Guerrilleros. Misión línea enemiga. Los formaban: "Los Hijos de la Noche", "La Banda Negra", "Los Dinamiteros", "Los Metalúrgicos" y otros.

Estrategia. Condicionada la acción de la Columna por la carencia de armamento y munición, estableció una línea defensiva frente a Zaragoza de unos 78 kilómetros, que iba.desde Velilla de Ebro hasta Monte Oscuro (Leciñena). Actúa como ofensiva, valiéndose de los grupos volantes guerrilleros que luchan por sorpresa y aseguran, con las posiciones tomadas al enemigo, rectificar progresivamente la línea defensiva de la Columna. A mediados de agosto contaba con unos seis mil hombres.

Material bélico. 16 ametralladoras (la mayoría de ellas tomadas al enemigo), 9 morteros y 12 piezas de artillería. Fusiles contaba con tres mil, lo que significaba que no podía poner en línea todos sus efectivos humanos.

Modo de vida. La Columna era la imagen de la sociedad sin clases por la cual se luchaba. y alrededor de ella fueron creándose Colectividades campesinas que abolieron el dinero, el asalariado y la propiedad privada. Los miembros de la Columna, que por falta de armas no podían estar en el frente, mientras esperaban su turno de trinchera colaboraban en las labores campesinas, combatiéndose de esa manera el parasitismo que engendra la vida de soldado.

Disciplina. La disciplina descansaba en el propio carácter del voluntariado: libremente consentida, apoyándose en la solidaridad de clase. Las órdenes se daban de compañero a compañero. La representación delegada no confería privilegio alguno. El principio era igual, de derechos y deberes. La coacción moral del medio social suplía el carácter punitivo de los códigos militares.

Acción Cultural. Secciones culturales que aseguraban la enseñanza en general. Una emisora que difundía textos y conferencias sobre diversas materias y radiaba llamamientos a los soldados que combatían en las filas franquistas. Un Boletín impreso sobre un camión con imprenta ambulante, llamado El Frente, informaba de la vida de la Columna y servía a la vez como buzón de ideas y de críticas.

Alrededor del Comité de Guerra se concentraron diversos servicios; tales como los administrativos, en los que trabajaban varias personas, entre ellas Emilienne Morin. Una panadería, que llegó a asegurar el pan de la columna, y que estuvo a cargo de los hermanos Subirats. Un parque de mecánica y automóviles, que tuvo como delegado a Antonio Roda. Un excelente servicio sanitario, con dos cirujanos, los doctores Santamaría y Fraile, asistido por un equipo de enfermeras, algunas de ellas llegadas del extranjero, solidarias de la revolución española.

La estructura u organización de la Columna fue surgiendo sobre la marcha, renunciando a aquello que no servía y reemplazándolo por otro modo que cumplía mejor la función. Fue un proceso experimental, comenzado ya el 22 de julio, cuando se dieron los primeros toques entre los voluntarios que acudían a los sindicatos. No se podía considerar obra de nadie, porque había sido una obra colectiva, en la que cada uno colaboraba con su iniciativa [93].

A continuación, transcribimos la división por sectores y grupos, con la nómina de sus respectivos delegados, que ocupaban los 78 kilómetros de frente de guerra; desde Velilla de Ebro hasta Alcubierre:

Primer sector. Delegado Ruano

§  1 Agrupación (cinco centurias). Delegado José Mira

§  2 Agrupación (cinco centurias). Delegado Liberto Roig

§  3 Agrupación (cinco centurias). Delegado José Esplugas

Segundo Sector. Delegado Miguel Yoldi

§  4 Agrupación (cinco centurias). Delegado José Gómez Talón

§  5 Agrupación (cinco centurias). Delegado José Tarín

§  6 Agrupación (cinco centurias). Delegado J. Silvestre


Tercer Sector. Delegado Mora

§  7 Agrupación (cinco centurias). Delegado Subirats

§  8 Agrupación (cinco centurias). Delegado Edo

§  9 Agrupación (cinco centurias). Delegado R. García

§  Grupo Intemacional. Delegado Louis Berthomieu

§  Composición: en cinco grupos de cincuenta. Total 250

§  Delegados: Ridel, Fortin, Charpenteir, Cottin y Carles

Resumen

Delegado general de Centurias: José Esplugas
Agrupaciones: Miguel Yoldi
Sectores: Rionda (Rico)
Artillería: Capitán Botet
Tanques: (Blindados): Bonilla
Consejeros militares: Comandante Pérez Farras y Sargento. Manzana
Delegado General de la Columna: Buenaventura Durruti
Comité de Guerra: Miguel Yoldi, José Esplugas, Rionda, Ruano, Mora y Durruti
Responsable de Información Comité de Guerra: Francisco Carreño Asesores Militares: Comandante Pérez Farras, Sargento de Artillería Manzana, Capitanes de Artillería Botet y Carciller [94].

El profundo proceso revolucionario abierto en España atrajo hacia su tierra a infinidad de personas de las más variadas características: militantes, intelectuales, periodistas, políticos, historiadores, y, por supuesto, también a intrigantes y aventureros. La mayoría traía un cliché determinado, y bajo él deseaban apreciar los sucesos de la Península, por lo que sin conocer la historia de nuestro país ni las razones por las cuales se había producido aquella guerra, lo juzgaban todo con aires de suficiencia, observando a los españoles como bichos raros. A ese prejuicio se agregaba el hecho de que el anarquismo, que iba de capa caída en el mundo, se mantuviera lozano en España. Y, en consecuencia, como del anarquismo se tenía un falso concepto, no se podía aceptar que en España pudiera jugar un papel predominante en la vida del país como fuerza organizadora. Además, por una coincidencia histórica, en España se iba a replantear el debate que iniciaron, setenta años atrás, Carlos Marx y Miguel Bakunin. Era lógico que los seguidores de Carlos Marx se entregaran por sectarismo y siguiendo las órdenes de Stalin a denigrar cuanto no fuese obra de ellos, particularmente si los realizadores eran anarquistas. En el aspecto concreto del frente de Aragón, con relación a la organización de las milicias, los elementos de obediencia estalinista o trotskista intentaron imprimir un carácter castrense a sus fuerzas milicianas, pero hubieron de renunciar ante la oposición de los propios milicianos, aunque éstos no fueran voluntarios. El POUM intentó codificar la vida de las milicias bajo reglamento castrense, y hubo de renunciar [95]. Aragón, con sus cuatrocientas colectividades agrícolas y los dieciséis mil combatientes de la CNT -FAI, había cambiado la fisonomía de su territorio en lo tocante a las relaciones sociales, y ya era imposible volver atrás. La estructura "militar" de las milicias no satisfacía a los visitantes extranjeros, que la juzgaban ineficaz y condenada al fracaso. Koltsov, corresponsal ruso del diario bolchevique Pravda de Moscú, que visitó el frente de Aragón a mediados de agosto, se burlará de este sistema de milicias proletarias de la misma manera que sus colegas burgueses. No obstante, escritores y otros hombres mejor preparados para la comprensión de los problemas que presentaba la Revolución, rindieron homenaje a esas fuerzas revolucionarias que habían hecho retroceder a las fuerzas armadas insurrectas.

Entre estos últimos testimonios el más significativo de todos es el de George Orwell, combatiendo en Aragón, y no precisamente entre las fuerzas anarquistas:

"Los periodistas que se burlaban del sistema de las milicias pocas veces recordaban que éstas tuvieron que contener al enemigo mientras el Ejército Popular se adiestraba en la retaguardia. Y el mero hecho de que las milicias hayan permanecido en el frente constituye un tributo a la fuerza de la disciplina revolucionaria, pues, hasta junio de 1937, lo único que las retuvo allí fue la lealtad de clase".

Orwell podía incluso ser más concreto, preguntando a esos periodistas: ¿Qué hubiera sucedido si esos milicianos, cuando se produjo la sublevación militar, en vez de salir hacia Aragón se hubieran metido en un cuartel para aprender la "instrucción" militar y marcar el paso? No hay que ser un lince para saber que, licenciado el Ejército por la República el 20 de julio, y pasadas las tres cuartas partes de los oficiales del mismo al bando enemigo, los rebeldes se hubieran adueñado de España en 24 horas, porque no existía un Ejército para impedírselo. Fueron esas milicias las que pararon, como pudieron, el avance de los sublevados. Cuando después de un año de lucha se contaba ya con un medio Ejército, infiltrado de estalinistas, fue, como escribe Orwell, el momento de atacar no a las milicias, sino a las bases sobre las cuales descansaban esas milicias.
"Más tarde se puso de moda criticar a las milicias y sostener que los fallos debidos a la falta de armamento y de adiestramiento eran el resultado del sistema igualitario... En la práctica, el estilo revolucionario de la disciplina merece más confianza... En un Ejército compuesto por obreros, la disciplina tiene que ser voluntaria... En las milicias, los abusos que son inherentes al Ejército no se hubieran tolerado un solo momento... Los castigos militares existían, pero eran aplicados en casos muy graves... La disciplina revolucionaria depende de la conciencia política, de una comprensión de por qué deben obedecerse las órdenes; necesita tiempo para formarse, pero también se necesita tiempo para convertir a un hombre en un autómata dentro de un cuartel. Dentro de las milicias se intentó crear una especie de modelo provisto de la sociedad sin clases..." [96].

En los primeros días de agosto, aunque no puede hablarse de inactividad, la actividad que se llevaba a cabo no satisfacía a Durruti. El no era hombre de estar sentado, ni tampoco partidario de pasar su tiempo en inocuas conversaciones, que son las que se desarrollan generalmente cuando se espera algo que no llega. Iba de un lado para otro, visitando los puestos avanzados e interesándose por todos los detalles que pudieran informarle del movimiento del enemigo. El amanecer era el momento más importante en la vida de Durruti, porque era a esa hora cuando llegaban los compañeros que habían salido en misión especial al campo enemigo o ala ciudad de Zaragoza; los informes que traían eran aprovechados para mejor reforzar las líneas defensivas de la Columna, y cuando eran de orden general, se retransmitían al Comité Central de Milicias Antifascistas [97].

Los golpes de mano en campo enemigo daban también sus frutos: bien fuera realizando prisioneros, haciendo saltar con dinamita posiciones enemigas o agenciándose armas o munición que comenzaba ya a escasear de manera alarmante. Pero todo esto era insuficiente para dejar satisfecho a Durruti. y fue entonces cuando fijó su atención en las colectividades campesinas que iban brotando por todo el Aragón liberado con una espontaneidad asombrosa. Las relaciones que se habían establecido entre las colectividades en el sector que ocupaba la Columna y la Columna eran sumamente fraternales [98]. Los campesinos visitaban la Columna, bien fuera para traer víveres o para pedir a Durruti que visitara la colectividad y les diera su opinión de cómo marchaban allí las cosas. Durruti, generalmente, accedía de buen grado, y si no podía enviaba a Carreño u otro compañero, de los tantos que había en la Columna, que pudieran dar su opinión sobre la marcha de la Comunidad visitada.

En el curso de las visitas que efectuó Durruti a las diversas comunidades, valoró la importancia que dicha obra colectivista podía tener para la expansión revolucionaria, y también estimó los peligros a que esa expansión colectivista estaba expuesta si no llegaba a constituir una fuerza unida. y sugirió a los campesinos que crearan una federación que comprendiera todas las colectividades formadas en Aragón. Esa federación -les dijo- no sólo os dará una fuerza organizativa, sino que os permitirá también elaborar planes de conjunto que puedan poner en marcha una economía socialista libertaria. Eso era, según Durruti, tanto más urgente por cuanto había, por parte de los elementos que constituían algunas columnas estalinistas, un propósito deliberado de hacer la vida imposible a los colectivistas. Con la federación, pensaba Durruti, se crearán condiciones nuevas en las que la solidaridad entre los campesinos será la mejor arma de defensa contra los enemigos del colectivismo.

A la vuelta de una de esas visitas a las colectividades, propuso al Comité de Guerra que se diera a conocer a los milicianos la obra que se estaba realizando, y que en vez de permanecer ociosos colaborasen con los campesinos en esa época de la cosecha del trigo. Además, los que estuvieran mejor informados, podrían discutir con los campesinos sobre la sociedad libertaria y sus organismos económicos. Se recogieron varias iniciativas que se pasaron, en forma de volante, para su discusión en las centurias, a fin de que todo el mundo tomara conciencia de la obra que estaba naciendo en Aragón. Los resultados de esa iniciativa fueron altamente positivos. Grupos de jóvenes libertarios fueron los primeros en presentarse como voluntarios para llenar el papel de combatientes-productores. y ése fue el comienzo de lo que en breve sería la Federación de Colectividades Aragonesas, del Consejo de Defensa de Aragón.

Pero no todo era idílico. La guerra existía en su aspecto brutal, y Durruti era el primero que más conciencia tenía de ello, porque el modo de vida que la guerra impone termina por degradar hasta al más revolucionario.
"El fin del hombre no es acechar y matar, sino ¡vivir!, ¡vivir!...", prorrumpía a veces Durruti, mientras daba grandes pasos por la sala en que se había instalado el Comité de Guerra. "Si esta situación se prolonga, terminará con la revolución, porque el hombre que salga de ella tendrá más de bestia que de humano... Tenemos que darnos prisa, mucha prisa, para terminar cuanto antes" [99].

Estas reflexiones hacían nacer en Durruti una impaciencia devoradora. Muchas noches, sin poder alcanzar el sueño, abandonaba el jergón donde dormía y "se iba hasta los puestos de vanguardia, pasando junto a los centinelas horas enteras contemplando fijamente las luces de Zaragoza. Muchas veces el día le sorprendía en aquella actitud" [100].

A estas preocupaciones venían a agregarse otras que se derivaban de su función de delegado de Columna. Escuchar quejas de campesinos, que se lamentaban por el comportamiento de algunos hombres de su Columna en el pueblo. En general eran cosas mínimas, pero era el signo evidente de los vicios que provoca la guerra en el soldado, aunque sea miliciano, Cuando esto ocurría, trataba de llamar la atención del interesado ante la mayor cantidad posible de gente como medio de hacer reflexionar a la colectividad. ..'
Pero a veces no bastaba la simple reprimenda. Un día encontró a un delegado de Centuria lejos de su sector. y preguntado qué hacía allí, le respondió que cinco hombres de su centuria habían abandonado la guardia y que les buscaba. Al fin se les encontró en un pueblo vecino, entretenidos en beber vino. Durruti se dirigió a ellos:

"¿Os dais cuenta de la gravedad del acto que habéis cometido? ¿No habéis pensado que los fascistas hubieran podido pasar por el puesto que habéis abandonado, y realizar una masacre entre los compañeros que os han confiado su seguridad? ¡Vosotros no sois dignos de pertenecer ni a la Columna ni a la CNT! ¡Dadme vuestros carnets! "

Los interpelados echaron mano a sus bolsillos y le dieron sus carnets, Aquello era lo último que de Durruti podía esperarse: "-¡Vosotros no sois cenetistas, ni obreros; sois mierda, nada más que mierda! ¡Causáis baja en la Columna! ¡Iros a vuestra casa!" Lejos de sentirse conmovidos, más bien parecían satisfechos y esa actitud exasperó aún más a Durruti:

"-¿Sabéis que las ropas que lleváis pertenecen al pueblo? Quitaos los pantalones".

Y en calzoncillos fueron conducidos a Barcelona [101]. Durruti tenía la facultad de pasar de la irritación extrema a la calma más perfecta, debido a que no era una naturaleza mezquina. Llegado al Comité de Guerra, le dijo a Mora que llamara a Barcelona por teléfono porque deseaba hablar con Ricardo Sanz:

"-Ricardo, ¿estás enterado de que hay en Sabadell un partidillo político que tiene en su local ocho ametralladoras escondidas? Te doy 48 horas de tiempo para que me sean enviadas esas ametralladoras... Escucha, envíame también con ellas tres agrónomos" [102].

Y colgó el teléfono, ante la extrañeza de Mora y, seguramente, aún más de la de Ricardo Sanz, que no podía compaginar eso de ametralladoras con agrónomos.

Aquel día Durruti había visitado varias colectividades, y en todas se lamentaban de no disponer de personal técnico. Algunas de ellas pedían agrónomos y otro personal técnico que pudiera orientarles sobre ensayos agrícolas que querían hacer sobre nuevos cultivos; y otras, en fin, se quejaban de que los militantes de mayor capacidad habían abandonado la colectividad para enrolarse en la Columna. Durruti tomó el nombre de los militantes reclamados que se habían inscrito en su Columna. Y los mandó llamar al Comité de Guerra. Cuando los tuvo presentes, les dijo:

"-Vuestros servicios no son necesarios en la Columna".

Y viendo el efecto que habían causado sus palabras en aquellos campesinos cambió de tono y les dijo sonriendo:

"-No, no se trata de eso que vosotros pensáis. Yo sé que os batís bien. Que sois valientes y generosos, pero los compañeros de vuestros pueblos os reclaman, os necesitan para poder llevar adelante la obra que habéis comenzado... ¿Qué quedará, después de la guerra, de los tiros que pegamos? La obra que estáis realizando en vuestros pueblos es más importante que el hecho de matar fascistas, porque lo que vosotros matáis con esa obra es el sistema burgués. y lo que seamos capaces de crear en ese sentido será sólo lo único que registrará la historia" [103].

Notas
83. Los Paules eran dos hennanos. El mayor se llamaba Cosme, y el menor se popularizó en la época por sus crónicas del frente firmadas con el pseudónimo "El Bandido". Ambos hermanos salieron con la Columna "Durruti" de Barcelona. En varios artículos publicados en noviembre de 1964 en Espoir (CNT), de Toulouse (Francia), dan infornación sóbre la constitución de la Columna y sus primeros pasos. Seguimos también los testimonios de Francisco Subirats y Liberto Ros. Para "los internacionales", en la Columna puede verse también a Simone Weil en Ecrits historiques et politiques, la cual fue voluntaria en la Columna "Durruti", en el mes de agosto de 1936.

84. Martínez Bande, en su libro que citamos sobre la invasión de Aragón, escribe lo siguiente: "En las primeras horas del día 24 de julio las fuerzas de Durruti arrollan a los defensores del puente, y en un avance decidido e incontenible penetran en el pueblo, protegidos por el fuego de la aviación y varios vehículos blindados. La lucha en las calles de Caspe es durísima, y en ella muere el capitán Negrete, así como su segundo, el teniente de la Guardia Civil don Francisco Castro (...)" Según el mismo autor, las fuerzas nacionales allí concentradas se elevaban a 40 guardias civiles, auxiliados por 200 paisanos con armamento que Negrete había traído de Zaragoza. En el relato de Martínez Bande hay error de fechas. La Columna "Durruti" salió de Barcelona hacia el mediodía del 24 de julio, y marchando muy aprisa llegaría al amanecer del 25. Los defensores de Caspe se rindieron, pues, a media mañana del 25. De todo esto entresacamos que los que lucharon el 24 de julio fueron un pequeño grupo de milicianos entre ellos Francisco Subirats, que fue el que afrontó el ataque a Caspe. Al enterarse de la llegada de la Columna "Durruti", la previnieron y actuó, liquidando Caspe en dos o tres horas, "a media mañana del 25". Sobre la presencia de los aviones, ninguno de los que estuvo allí recuerda las avionetas republicanas. y con respecto a los blindados, fueron los camiones con ligeras planchas que se fabricaron entre el 22 de julio al 24 por la mañana. El verdadero blindado -y llegó mucho más tarde a la Columna- fue el célebre "King Kong", que conducirá Antonio Bonilla.

85. Le Libertaire, 7 de julio de 1938. Artículo de Emilienne Morin, "Souvenirs: l'enfantement d'une révolution".

86. Liberto Ros, comunicación al autor.

87. Con la ayuda de dos testimonios presentes, Liberto Ros y Pablo Ruiz, hemos podido reconstruir el discurso de Durruti. Ambos testimonios confiesan que "quedaron profundamente impresionados" por las palabras de Durruti: " Aquello no era un discurso de propaganda, sino una lección de combate revolucionario".

89. Vicente Guamer, op. cit. Recordemos que Guarner era ya consejero técnico del Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña en Barcelona.

90. José Mira, en op. cit., escribe que se dijo que "convenía, antes de proseguir más adelante, esperar que la Columna "Sur-Ebro" conquistara Quinto y Belchite, para situarse al lado de la Columna "Durruti" en la ribera del Ebro". Guarner nos aclara que la orden de no proseguir el avance provino del Comité Central de Milicias Antifascistas. Según José Alberola, destacado militante de Aragón, que será consejero de cultura en el Consejo de Defensa de esa región, "fue un grave error el establecer el frente en plena planicie y fuera de los muros de Huesca". Piensa que "hubiera tenido que explotarse la victoria sobre Barcelona, y caer en torrente sobre Zaragoza". y él cree que "Zaragoza no hubiera resistido a ese alud". (CNT, 16 de junio de 1961, Toulouse, Francia). Felipe Alaiz (artículo recogido en L'Espagne indomptable, agosto de 1939, París) juzga como un éxito muy importante de la Columna "Durruti" el haberse situado de un solo golpe en Bujaraloz, porque del Segre al Ebro se extiende la comarca de Los Monegros, siendo la mayor parte de sus tierras consagradas al cultivo del trigo. Entre el Ebro y el Segre corre también el Cinca, en cuyas riberas se producen, además de trigo, otros productos de primera calidad. Precisamente, el triunfo del colectivismo aragonés se basó en la riqueza de esas tierras y, en consecuencia, para Alaiz fue la más importante de las batallas de la Columna "Durruti", o sea, el colectivismo agrario.

91. Se hace dificil precisar cuándo llegó la Columna al frente. Martínez Bande escribe: "Había salido de Barcelona, marchando a Lérida, conforme sabemos, pero en esta última ciudad quedó varios días, quizá merodeando por sus alrededores, consiguiendo que se le unieran algunos restos de unidades regulares del Regimiento allí ubicado, y talo cual jefe profesional, más grupos de difícil clasificación y bastantes extranjeros".

92. La Columna " Ascaso", lo mismo que había hecho la "Durruti", no se paró en Lérida sino que siguió hasta Barbastro, donde se encontró con el coronel Villalba y el teniente coronel González Morales, jefes de los restos del Regimiento de Barbastro que se habían mantenido fieles a la República. Ni Villalba ni González Morales hicieron gran cosa para establecer un frente, y sus fuerzas fueron absorbidas por la Columna "Ascaso", quedando ambos militares como asesores técnicos de la misma.

Inmediatamente comenzaron las operaciones de cerco a Huesca, tomándose Siétamo y perdiéndose luego de nuevo. A las fuerzas de Huesca, en el sector de la Columna, vinieron a agregarse la agrupación internacional de los hermanos Roselli, "Giustizia e Libertá", que formaron con los italianos anarquistas que animaban Camilo Berneri y Fausco Falschi, un conjunto armonioso. También, entre los internacionales de origen marxista se encontró la Centuria que conducía Hans Beimler. En este sector la lucha fue intensa y jamás se comprendió cómo no se pudo tomar Huesca. y quizá la razón residiera en la actitud de Villalba, muy criticado tanto por las fuerzas anarcosindicalistas como por las del POUM, y únicamente defendido por el PSUC. "Barbastro es un nido de intrigas", se dirá en la Conferencia Militar del mes de octubre en Sariñena, a la cual asistieron Villalba, los jefes de Columna, el teniente coronel Díaz Sandino y García Oliver, como responsable del Departamento de Guerra.

93. Para esta descripción de la Columna nos hemos valido del libro citado de José Mira, de un artículo histórico de la Columna, publicado en la revista Umbral, de noviembre de 1938, del libro citado de Ricardo Sanz, y de testimonios de José Esplugas, que fue delegado de Centurias; de Ricardo Rionda, miembro del Comité de Guerra, y de un centenar de respuestas a una encuesta entre los antiguos componentes de la Columna.
94. Esta descripción corresponde al 15 de agosto de 1936, cuando la Columna contaba ya con 4.500 combatientes, repartidos en 45 Centurias, reunidas en 9 Agrupaciones. El Cuartel General estaba a dos kilómetros de Bujaraloz, en la Venta Monzona, hoy Santa Lucía. Para la reconstrucción de la Columna nos hemos valido de los anteriores testimonios.

95. En la cuarta página del número 1 de La Revolution Espagnole, Boletín de Información del POUM en lengua francesa, aparece un reglamento interno para las milicias del POUM, dado en Grañen el 2 de agosto. y "estas instrucciones -se escribe- de la Columna del POUM, han sido aprobadas por unanimidad por las milicias del POUM del frente de Huesca: Art. II. Quien se indiscipline o incite a los otros camaradas a cometer actos de desobediencia al mando militar, incurre en la más grave responsabilidad, y será juzgado según su acto, sufriendo el castigo apropiado a la falta cometida; Art. III. Son rigurosamente prohibidas las querellas o discusiones entre milicianos, porque esos actos reprensibles conducirían a la disgregación de nuestras fuerzas y al reforzamiento del enemigo; Art. IV. Quien, habiéndose enrolado en las milicias, desertara, tanto en el frente o en la retaguardia, será juzgado con la más grave severidad por el Comité Militar y cuatro camaradas nombrados por los milicianos. Las sentencias dictadas por este tribunal popular serán ejecutadas sin remisión; Art. VI. Quien, pertenezca o no a las milicias, se dedique a actos de pillaje, al robo, o cometa cualquier acto análogo, será pasado por las armas sin formación de causa; VII. La acción en la lucha está centralizada bajo todas sus formas, y nadie podrá tomar ninguna decisión sin previa autorización del Comité Militar; Art. VIII. Las presentes instrucciones de esta ordenanza serán ejecutadas sobre el terreno, y si alguna reclamación u observación se cree necesaria, ella deberá ser formulada de la manera siguiente: Las reclamaciones, iniciativas u observaciones se retransmitirán al jefe de grupo y éste a su jefe de compañía, los cuales la harán saber al Comité Militar". Este reglamento de tipo castrense, si seguimos a Oeorge Orwell, no solamente no existía cuando él llegó a la Columna del POUM, sino que los milicianos no lo hubieran soportado. Eso indica que los jefes de Columna marxistas hubieron de adaptarse a las relaciones sociales que se habían establecido en las columnas de la CNT.

96. George Orwell, Cataluña 1937 [Edición en castellano de Ed. Proyección, Buenos Aires, 1963].

97. Vicent Guarner, op. cit.

98. Cécile Pierrot, periodista francesa, escribe en Plues Loin, de París, en septiembre de 1936, sobre el frente de Aragón, y especialmente de la zona en que se encuentra la Columna "Durruti", en donde se "ha socializado la tierra": "Hay un Comité de Guerra que dirige la columna de milicianos. Hay Comités Populares elegidos en los pueblos. No me quedó el tiempo suficiente para verlos funcionar. Pero lo que vi es que campesinos y milicianos se confunden (...). Todos están convencidos de que ellos hacen en este momento la revolución más completa y más importante de la historia...

99, Estas anécdotas fueron comunicadas al autor por milicianas o milicianos de la Columna, tales como Teresa Margalef o Francisco Subirats,

100, Idem,

101, Testimonio de diversos miembros de la Columna. llya Ehrenburg, en La Nuit Tomba, Ed, Gallimard, Paris

1968, hace también referencia a este hecho.

102. Ricardo Sanz, Durruti, Ed. El Frente, Toulouse, 1946.

103. Comunicado al autor por un militante de la CNT del pueblo de Valderrobres (Aragón).



Atravesando el rio

Cañon capturado

Composición del organo 'El Frente


Emisora de radio en el frente al servicio de la Columna Durruti



Frente de Aragon, Zaragoza. El compañero Gil comandante de la Brigada 121 de la División 26 (Columna Durruti)

Frente de Aragon, Zaragoza. El doctor Santamaria de la Columna Durruti, organizador de los servicios sanitarios de dicha columna, con un obus enemigo que no estallo







Las fuerzas del la 26 División (Columna Durruti) atacan y obtienen la victoria sobre monte oscuro

Los pontoneros de la División 26 (Columna Durruti) con su comandante



nuestro comandante Durruti con los hijos de los campesinos

Periodico mural que la División 26 (Columna Durruti) les gusta a estos compañeros de leer











  Escrito por Abel Paz | | |


El 23 de julio de 1936 García Oliver se dirigió por radio a los obreros aragoneses, con un discurso incendiario, incitándolos a la lucha:

"Salid de vuestras casas. Arrojaos sobre el enemigo. No aguardéis un minuto más. En este preciso instante habéis de poner manos a la obra. En esta tarea han de destacarse los militantes de la CNT y de la FAI. Nuestros camaradas han de ocupar la vanguardia de los combatientes. Y si es preciso morir, hay que morir (...). Os decimos que Durruti y el que os habla -García Oliver- partirán al frente de las columnas expedicionarias. Mandamos una escuadrilla de aviación para bombardear los cuarteles. Los militantes de la CNT y de la FAI han de cumplir con el deber que exige la hora presente. Emplead toda clase de recursos. No aguardéis a que yo finalice mi discurso. Abandonad vuestras casas, quemad, destruid. Batid al fascismo".

El anuncio de que se estaban organizando columnas obreras para marchar sobre Aragón suscitó enorme entusiasmo en Barcelona. Los obreros acudieron a sus respectivos sindicatos para inscribirse como voluntarios y los Comités de Barrio comenzaron a tomar la iniciativa de instruir a los voluntarios en los campos de fútbol, u otros terrenos, en las normas más elementales de la lucha, así como en el lanzamiento de bombas de mano y el funcionamiento del fusil.

Entre los inscritos los había de todas las edades, yendo desde los catorce hasta los sesenta años. Y prevalecían activos y competentes militantes obreros y jóvenes libertarios. Inmediatamente se tomó conciencia de que si lo más capaz y mejor preparado de la CNT y de las Juventudes Libertarias salían para el frente, la retaguardia quedaría en manos de los últimos llegados, lo que podría poner en peligro el proceso de autogestión que se estaba llevando a cabo por los obreros, y que se extendía como mancha de aceite. El entusiasmo hubo de frenarse, reflexionando que si bien era importante pegar tiros, aún era más vital triunfar en la expropiación colectiva que se estaba llevando a término, y salir airosos en la nueva etapa económica y social, puesto que de ella dependería, en última instancia, el triunfo de la revolución con la afirmación de la capacidad política y económica de la clase obrera.

Esta movilización obrera era única en su género. No había sido decretada por nadie y brotaba directamente de la base. Los voluntarios discutían entre sí sobre la mejor manera de organizarse, porque no se quería resucitar ni el espíritu militarista ni la jerarquía de mando. Y fue de esas conversaciones entre los futuros combatientes que apareció la estructura y organización de las milicias, que se conservaría hasta la militarización general en marzo de 1937. La organización ideada era simple: diez hombres constituirían un grupo que nombraría un delegado; diez grupos formarían una centuria que elegiría a su vez su delegado de centuria; y cinco centurias formarían una Agrupación a cuya cabeza se situaría a un responsable que, junto con los delegados de centurias, formaría el Comité de Agrupación.

Pérez Farràs, en tanto que militar y asesor técnico que sería de la Columna Durruti que se estaba formando, inmediatamente mostró su desacuerdo sobre esa forma de organización, manifestándose pesimista sobre su valor combativo. Durruti se apercibió pronto que Pérez Farràs no sería mucho tiempo su asesor técnico-militar, y eligió al sargento de artillería Manzana, que comprendía mejor la psicología de los anarquistas hostiles a todo cuanto significara la práctica piramidal militar de manda y obedece. Como asesores, a Manzana y a Carreño, un maestro de escuela, Durruti les confió la tarea de dotar a la Columna con piezas de artillería, municiones y un cuerpo sanitario con médicos y enfermeras, dotados de un quirófano de urgencia.

Manzana, sin muchas explicaciones, comprendió pronto lo que Durruti deseaba de él, y se las compuso a las mil maravillas para cumplir su misión. Conocía a varios soldados de los que se incorporaron a la formación de la Columna, y también a algunos oficiales, y, contando con el apoyo de Durruti y con la idea de que pudieran servir de auxilio instructor a los demás, toda esa gente fue introduciéndose por entre los grupos formados, pero sin violencias, fraternalmente.

Sin embargo, por su lado, Pérez Farràs continuaba pensando de la misma manera, y terminó por plantear la cuestión directamente a Durruti:

"-Con ese método no se puede combatir".

Y Durruti le repuso:

"-Ya lo dije, y vuelvo ahora a repetirlo: durante toda mi vida me he comportado como anarquista, y el hecho de haber sido nombrado delegado responsable de una colectividad humana no puede hacer cambiar mis convicciones. Fue bajo esa condición que acepté cumplir la tarea que me ha encomendado el Comité Central de Milicias. Pienso -y todo cuanto está sucediendo a nuestro alrededor confirma mi pensamiento- que una milicia obrera no puede ser dirigida según las reglas clásicas del Ejército. Considero pues, que la disciplina, la coordinación y la realización de un plan, son cosas indispensables. Pero todo eso no se puede interpretar según los criterios que estaban en uso en el mundo que estamos destruyendo. Tenemos que construir sobre bases nuevas. Según yo, y según mis compañeros, la solidaridad entre los hombres es el mejor incentivo para despertar la responsabilidad individual que sabe aceptar la disciplina como un acto de autodisciplina.

Se nos impone la guerra, y la lucha que debe regirla difiere de la táctica con que hemos conducido la que acabamos de ganar, pero la finalidad de nuestro combate es el triunfo de la revolución. Esto significa no solamente la victoria sobre el enemigo, sino que ella debe obtenerse por un cambio radical del hombre. Para que ese cambio se opere es preciso que el hombre aprenda a vivir y conducirse como un hombre libre, aprendizaje en el que se desarrollan sus facultades de responsabilidad y de personalidad como dueño de sus propios actos. El obrero en el trabajo no solamente cambia las formas de la materia, sino que también, a través de esa tarea, se modifica a sí mismo. El combatiente no es otra cosa que un obrero utilizando el fusil como instrumento, y sus actos deben tender al mismo fin que el obrero. En la lucha no se puede comportar como un soldado que le mandan, sino como un hombre consciente que conoce la trascendencia de su acto. Ya sé que obtener esto no es fácil, pero también sé que lo que no se obtiene por el razonamiento no se obtiene tampoco por la fuerza. Si nuestro aparato militar de la revolución tiene que sostenerse por el miedo, ocurrirá que no habremos cambiado nada, salvo el color del miedo. Es solamente liberándose del miedo que la sociedad podrá edificarse en la libertad".

Durruti se había expresado con suma claridad, y su propósito no era otro que unir la teoría con la práctica y viceversa. Como anarquista él deseaba continuar siendo fiel a sus concepciones libertarias, a pesar de asumir la responsabilidad de dirigir una columna obrera que partía en lucha hacia el frente de Aragón.

Mientras tanto, los preparativos de la expedición a Zaragoza proseguían avanzando. Y pronto, en tierras de Aragón, iban a librarse batallas importantes, tanto en el frente de la guerra como en el frente de la revolución campesina. En Zaragoza se encontraba el cuartel general de la V División Militar bajo el mando del general Miguel Cabanellas. Las fuerzas que este general mandaba en Zaragoza comprendían:

"Dos Brigadas de Infantería: la IX (cuartel general, Zaragoza) y la X (cuartel general, Huesca), más una Brigada de Artillería, la V (Zaragoza), con cuatro Regimientos de Infantería, dos de Artillería, un Batallón de Ingenieros y los Servicios correspondientes. Había, además, como unidades no divisionarias, un Regimiento de Carros, otro de Caballería, un Destacamento del Depósito de Remonta, un grupo de Defensa contra Aeronaves, un Parque de Cuerpo de Ejército, un Batallón de Pontoneros y una Comandancia de Sanidad. Como mandos principales se encontraban los generales don Miguel Cabanellas (V División), Alvarez Arenas (IX Brigada), De Benito (X Brigada) y don Eduardo Martín González (V de Artillería). No deben olvidarse aquí las fuerzas de Orden Público. A las de Asalto de Zaragoza, había que agregar dieciocho compañías de la Guardia Civil y cinco de Carabineros. Los efectivos de las unidades del Ejército se encontraban muy mermados, pero, como compensación, puede decirse que, desde sus jefes más altos a los más subalternos, se encontraban, casi sin excepción, magníficamente dispuestos en favor de los planes del general Mola."

José Chueca, refiriéndose a la pérdida de Zaragoza, se pregunta:

"¿Pudimos haber hecho más de lo que hicimos? Es posible. Fiamos excesivamente en las promesas del gobernador civil (Vera Coronel) y concedimos demasiado valor a nuestras fuerzas; no quisimos prever que frente a una acción violenta, como la que podía desencadenar el fascismo, hacía falta algo más contundente que treinta mil obreros organizados en las Sindicatos".

Y Martínez Bande escribe:

"En la misma noche del 17, y nada más tenerse conocimiento de lo ocurrido en Marruecos, masas muy decididas de extremistas se adueñaron de las principales calles. Transcurrió en una tensa expectativa todo el día 18, en que numerosos grupos de voluntarios acudieron a los cuarteles, proclamándose en la madrugada del 19 el Estado de Guerra. Contra esta medida reaccionó la CNT, declarando el mismo día la huelga general revolucionaria, que el 22 quedaba estrangulada, gracias a las enérgicas resoluciones de las autoridades militares y no sin diversos choques.

En Calatayud, el coronel Muñoz Castellanos declaró el Estado de Guerra el día 20, sin incidentes; pero bastantes pueblos tuvieron que ser rescatados por destacamentos del Ejército, fuerzas del Orden Público y paisanos voluntarios. Al norte del Ebro, fueron siete pueblos, en las riberas, cuatro, y al sur del Ebro, diez con Belchite".

En las condiciones en que habían caído Zaragoza y Calatayud, cayeron también en manos de los sublevados Huesca y Teruel. Como un islote quedaba Barbastro en manos de los soldados que mandaba el coronel republicano Villalba.

Este era el cuadro que ofrecía el territorio aragonés, cuando Durruti, al frente de unos dos mil milicianos, se propuso conquistar Zaragoza.

El 24 de julio, a las diez de la mañana, la Columna Durruti debía salir del Paseo de Gracia en dirección Zaragoza, vía Lérida. A las ocho de la mañana, Durruti habló por radio dirigiéndose a la población obrera de Barcelona para pedirles que contribuyeran con artículos alimenticios al abastecimiento de la Columna. Esta llamada insólita sorprendió a todo el mundo. Y, lógicamente, había motivo para ello. La distribución de los alimentos estaba a cargo, en parte, de los Comités de Barrio, del Sindicato de la Alimentación y del Comité Central de Milicias Antifascistas. Por tanto ¿es que dichos organismos negaban a Durruti la posibilidad de constituirse una intendencia? Pronto Durruti satisfizo la curiosidad:

"-El arma más potente de la revolución es el entusiasmo. En la revolución se triunfa cuando todo el mundo está interesado en la victoria, haciendo de ella cada uno su causa personal. La respuesta a mi llamada -les dijo a los que mostraron su sorpresa- nos dará la medida del interés que pone la ciudad de Barcelona en la revolución y su victoria. Además, esto es una manera de situar a cada uno frente a su propia responsabilidad, una ocasión para que todo el mundo tome conciencia de que nuestra lucha es colectiva y que su triunfo depende del esfuerzo de todos. Este y no otro es el sentido de nuestra llamada", concluyó Durruti.

Poco antes de salir la Columna Durruti fue cuando su delegado, que se encontraba discutiendo en el Sindicato Metalúrgico sobre una cuestión de blindaje de camiones, recibió al periodista del Toronto Star, Van Passen, que publicaría un reportaje bajo el título: "Dos millones de anarquistas luchan por la revolución". En el mismo comienza inmediatamente por poner a Durruti ante el lector:

"Es un hombre alto, moreno, de rasgos morunos. Hijo de humildes campesinos. Su voz aguda, casi gutural".
Van Passen le preguntó si él consideraba ya aplastados a los militares rebeldes:

"-No, todavía no los hemos vencido" contestó francamente. Y agregó: "Ellos tienen Zaragoza y Pamplona. Ahí es donde están los arsenales y las fábricas de municiones. Tenemos que tomar Zaragoza y después saldremos al encuentro de las tropas compuestas de Legionarios Extranjeros, que ascienden desde el Sur, mandadas por el general Franco. Dentro de dos o tres semanas nos encontraremos entregados en batallas decisivas."

-"¿Dos o tres semanas?" preguntó intrigado el periodista.

-"Dos o tres semanas o quizá un mes" -afirmó Durruti-. "La lucha se prolongará como mínimo todo el mes de agosto. El pueblo obrero está armado. En esta contienda el Ejército no cuenta. Hay dos campos: los hombres que luchan por la libertad y los que luchan por aplastarla. Todos los trabajadores de España saben que si triunfa el fascismo vendrá el hambre y la esclavitud. Pero los fascistas también saben lo que les espera si pierden. Por eso esta lucha es implacable. Para nosotros de lo que se trata es de aplastar al fascismo, de manera que no pueda levantar jamás la cabeza en España. Estamos decididos a terminar de una vez por todas con él, y esto a pesar del Gobierno..."

-"¿Por qué dice usted a pesar del Gobierno? ¿Acaso no está este Gobierno luchando contra la rebelión fascista?" pregunté sorprendido.

-"Ningún Gobierno en el mundo pelea contra el fascismo hasta suprimirlo" -me respondió Durruti-. "Cuando la burguesía -agregó- ve que el poder se le escapa de las manos, recurre al fascismo para mantener el poder de sus privilegios. Y esto es lo que ocurre en España. Si el Gobierno republicano hubiera deseado terminar con los elementos fascistas, hace ya mucho tiempo que hubiera podido hacerlo. Y en lugar de eso, temporizó, transigió y malgastó su tiempo buscando compromisos y acuerdos con ellos. Aún en estos momentos, hay miembros del Gobierno que desean tomar medidas muy moderadas contra los fascistas. ¡Quién sabe -dijo Durruti, riendo- si aún el Gobierno espera utilizar las fuerzas rebeldes para aplastar el movimiento revolucionario desencadenado por los obreros!"

-"¿Entonces -preguntó Van Passen- usted ve dificultades aun después que los rebeldes sean vencidos?"

-"Efectivamente. Habrá resistencia por parte de la burguesía, que no aceptará someterse a la revolución que nosotros mantendremos en toda su fuerza, contestó Durruti."

El periodista le señaló la contradicción en que se encontraba la revolución que mantenían los anarquistas:

"-Largo Caballero e Indalecio Prieto han afirmado que la misión del Frente Popular es salvar la República y restaurar el orden burgués. Y usted, Durruti, usted me dice que el pueblo quiere llevar la revolución lo más lejos posible. ¿Cómo interpretar esta contradicción?"

"-El antagonismo es evidente" -me respondió-. "Como demócratas burgueses, esos señores no pueden tener otras ideas que las que profesan. Pero el pueblo, la clase obrera, está cansado de que se le engañe. Los trabajadores saben lo que quieren. Nosotros luchamos no por el pueblo sino con el pueblo, es decir, por la revolución dentro de la revolución. Nosotros tenemos conciencia de que en esta lucha estamos solos, y que no podemos contar nada más que con nosotros mismos. Para nosotros no quiere decir nada que exista una Unión Soviética en una parte del mundo, porque sabíamos de antemano cuál era su actitud en relación a nuestra revolución. Para la Unión Soviética lo único que cuenta es su tranquilidad. Para gozar de esa tranquilidad, Stalin sacrificó a los trabajadores alemanes a la barbarie fascista. Antes fueron los obreros chinos, que resultaron victimas de ese abandono. Nosotros estamos aleccionados, y deseamos llevar nuestra revolución hacia adelante, porque la queremos para hoy mismo y no, quizá, después de la próxima guerra europea. Nuestra actitud es un ejemplo de que estamos dando a Hitler y a Mussolini más quebraderos de cabeza que el Ejército Rojo, porque temen que sus pueblos, inspirándose en nosotros, se contagien y terminen con el fascismo en Alemania y en Italia. Pero ese temor también lo comparte Stalin, porque el triunfo de nuestra revolución tiene necesariamente que repercutir en el pueblo ruso."

Van Passen recapitula:

"Este es el hombre que representa a una organización sindical que cuenta aproximadamente con dos millones de afiliados y sin cuya colaboración la República no puede hacer nada, incluso en el supuesto de una victoria sobre los sublevados. Yo quise conocer su pensamiento porque para comprender lo que está sucediendo en España es preciso saber cómo piensan los trabajadores. Por esa razón he interrogado a Durruti, porque por su importancia popular es un auténtico y característico representante de esos trabajadores en armas. De sus respuestas resulta claramente que Moscú no tiene ninguna influencia ni autoridad para hablar en nombre de los trabajadores españoles. Según Durruti, ninguno de los Estados europeos se siente atraído por el sentimiento libertario de la revolución española, sino deseosos de estrangularla."

-"¿Espera usted alguna ayuda de Francia o de Inglaterra, ahora que Hitler y Mussolini han comenzado a ayudar a los militares rebeldes?" pregunté.

-"Yo no espero ninguna ayuda para una revolución libertaria de ningún gobierno del mundo" respondió Durruti secamente. Y agregó: -"Puede ser que los intereses en conflictos de imperialismos diferentes tengan alguna influencia en nuestra lucha. Eso es posible. El general Franco está haciendo todo lo posible para arrastrar a Europa a una guerra, y no dudará un instante en lanzar a Alemania en contra nuestra. Pero, a fin de cuentas, yo no espero ayuda de nadie, ni siquiera, en última instancia, de nuestro Gobierno."

-"¿Pueden ustedes ganar solos?" pregunté directamente.

Durruti no respondió. Se tocó la barbilla, pensativamente. Sus ojos brillaban. Y Van Passen insistió en la pregunta:

-"Aun cuando ustedes ganaran, iban a heredar montones de ruinas" -me aventuré a interrumpir su silencio.
Durruti pareció salir de una profunda reflexión, y me contestó suavemente, pero con firmeza:

-"Siempre hemos vivido en la miseria, y nos acomodaremos a ella por algún tiempo. Pero no olvide que los obreros son los únicos productores de riqueza. Somos nosotros, los obreros, los que hacemos marchar las máquinas en las industrias, los que extraemos el carbón y los minerales de las minas, los que construimos ciudades... ¿Por qué no vamos, pues, a construir y aún en mejores condiciones para reemplazar lo destruido? Las ruinas no nos dan miedo. Sabemos que no vamos a heredar nada más que ruinas, porque la burguesía tratará de arruinar el mundo en la última fase de su historia. Pero -le repito- a nosotros no nos dan miedo las ruinas, porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones", dijo, murmurando ásperamente. Y luego agregó: "Ese mundo está creciendo en este instante".

Hacia las diez de la mañana, los voluntarios que iban a integrar la Columna Durruti comenzaron a afluir al Paseo de Gracia, donde un numeroso público había acudido también a presenciar la marcha de aquella extraña caravana, compuesta de camiones, autobuses, taxis y turismos. El entusiasmo era inmenso. El triunfo rápido en Barcelona autorizaba el optimismo. Y esa expedición hacia Aragón era concebida por muchos como un rápido paseo.

Hacia el mediodía, la columna compuesta de unos dos mil hombres se puso en marcha en un delirio de vivas, de puños levantados y de estribillos de cantos revolucionarios, sonando el más potente de "¡A las Barricadas!" el himno de la CNT-FAI.

A la cabeza iba un camión con una docena de jóvenes, entre los cuales destacaba la hercúlea figura de José Hellín blandiendo una bandera rojinegra, que por defenderla en Madrid morirá el 17 de noviembre, haciendo saltar a bombazos las tanquetas italianas. Detrás seguía la centuria que llevaba como delegado al metalúrgico Arís. Luego cinco centurias, que pronto iban a destacarse como una verdadera fuerza de élite como dinamiteros: eran los mineros de Figols y Sallent; y también los marineros del Transporte Marítimo, que se destacarían como guerrilleros, llevando siempre en la delantera al marinero Setonas.

Como delegado de la III Centuria iba El Padre, viejo luchador que había formado en las filas de Pancho Villa en la revolución mexicana. La IV Centuria llevaba como delegado al obrero del textil Juan Costa; y la V, formada exclusivamente de obreros metalúrgicos, la representaba el joven libertario Muñoz, de 19 años.

Entre dos autocares marchaba un "Hispano", en el que iban Durruti y Pérez Farràs. Durruti iba silencioso, extraño y ajeno a los vivas y los puños levantados. Sentía la responsabilidad que las circunstancias le habían deparado. El setenta por ciento de los hombres que componían su columna era la flor y nata de las juventudes anarquistas de Barcelona. Jóvenes, y menos jóvenes, todos conocieron antes y durante el 19 de julio los combates callejeros y los enfrentamientos contra la Fuerza Pública. Pero no conocían la lucha en terreno descubierto, es decir, la guerra.

Antes de salir de Barcelona, Durruti se dirigió a los hombres de la Columna con un discurso en el cuartel Bakunin. En él quiso prevenir a todos sobre la diferencia que existía entre la lucha que ellos conocían y la que se iba a afrontar en Aragón. Pero él sabía que las palabras no pueden sustituir a la experiencia. Habló de los bombardeos de la aviación y de los cañonazos que precedían a los ataques. De los combates cuerpo a cuerpo con arma blanca. Y sobre todo insistió en la diferencia que existía entre un ejército burgués y el proletariado en armas, en su comportamiento con los campesinos y las poblaciones de retaguardia.

Seguía aún en pie el problema del mando. Su posición había sido netamente expuesta ante el Comité Central de Milicias Antifascistas, y repetida más tarde a Pérez Farràs. Durruti conocía la confianza que le otorgaban sus compañeros, y que yendo él delante todos le seguirían, incluso si los llevaba a la muerte. Pero la muerte no era el fin que perseguía Durruti, sino la vida. Un militar puede, desde su puesto de mando y sin ningún escrúpulo, enviar a la gente a la muerte; reemplaza las bajas y asunto concluido. Pero Durruti sabía que la mayor parte de los hombres que le seguían eran militantes revolucionarios, y tales hombres son irremplazables. En su reflexión entraban unas palabras que pronunciara Néstor Makhno en su presencia:

"La diferencia que existe entre un militar que manda y un revolucionario que dirige, reside en que el primero se impone por la fuerza, mientras
que el segundo no dispone de más autoridad que la que se deriva de su propia conducta".

Vicente Guarner juzga a los dos hombres que iban al frente de la Columna:

"Durruti, el jefe, a quien traté personalmente, era de una personalidad impresionante. De unos cuarenta años, decidido, de mirada penetrante e infantil, de estatura más que mediana, había sido obrero ferroviario. Pérez Farràs, leridano, era de un valor impulsivo, vehemente en sus opiniones, alto de estatura, de frente despejada y con talento natural, oscurecido por momentáneas obcecaciones..."
[...]
Columna Durruti





















A medida que la Columna avanzaba, y al pasar por los pueblos, la gente se agolpaba para ver pasar la caravana. Más de uno exclamaba, al ver a Durruti:

"-¡Pero, no puede ser un jefe! ¡No lleva galones!"

Otros, mejor informados, replicaban "que un anarquista nunca es jefe y, por la tanto, no lleva galones".

En otros lugares, los campesinos recibían a la Columna con gritos de alegría y vivas a la CNT-FAI. En todos los lugares donde la Columna hacía un alto, y los campesinos se arrimaban en tomo de los llegados, Durruti descendía del coche para hablar con los vecinos del pueblo:

"-¿Habéis organizado ya vuestra colectividad? No esperéis más. ¡Ocupad las tierras! Organizaos de manera que no haya jefes ni parásitos entre vosotros. Si no realizáis eso, es inútil que continuemos hacia adelante. Tenemos que crear un mundo nuevo, diferente al que estamos destruyendo. Si no es así, no vale la pena que la juventud muera en los campos de batalla. Nuestro campo de lucha es la revolución".

De este modo iba naciendo, al paso de la Columna, y antes de emprender la batalla contra los militares fascistas, un mundo nuevo, porque ése y no otro era el objetivo del combate.

En Caspe hubo un primer encuentro con los fascistas. El capitán de la Guardia Civil, Negrete, había dominado el pueblo. Desde el día 23 de julio, un grupo importante de milicianos que habían salido por su cuenta y riesgo de Barcelona, entre los que se encontraban los hermanos Subirats, presentaron batalla; ya estaban entregados a ella cuando llegó la Columna allí, y gracias a su intervención se liberó Caspe. Con esa conquista, la Columna fue ya engrosándose y detrás de ella fueron quedando los pueblos de Fraga, Candasnos, Peñalba, La Almanda, etc., llegando a Bujaraloz el día 27 de julio, donde, provisionalmente, se instaló el Comité de Guerra.

Al día siguiente, la Columna se puso en marcha hacia el Ebro, con objetivos en Pina y Osera para alcanzar Zaragoza. Al poco de ponerse en marcha, y a unos kilómetros de Bujaraloz, la Columna entró en contacto con la realidad de la guerra. La aviación fascista salió a su encuentro bombardeándola, acción que desmoralizó a no pocos de los milicianos que, llenos de pánico, echaron a correr. La reacción era lógica. El bombardeo, por su sorpresa, había sido mortífero, causando una docena de muertos y más de veinte heridos, entre ellos el comandante de Artillería Claudín, que mandaba las tres baterías de la Columna.

Un grupo de los que componían la Columna, obrando por instinto, se interpuso a los que corrían y con su prestancia de ánimo impidieron que se contagiara el pánico y terminar aquella expedición en una lamentable retirada. Ante aquel choque, Durruti comprendió que era preferible dar marcha atrás e informarse mejor sobre las posiciones del enemigo, evitando con ello caer en una emboscada. En ese retorno hacia Bujaraloz, Durruti se enteró que en uno de los camiones se encontraba Emilienne, enrolada también como miliciana. La miró sonriendo, sin hacer comentario alguno. Sobre este encuentro, Mimi escribe:

"Fue en ese pueblo (Bujaraloz), hoy ya histórico, donde encontré a mi compañero, después de dos semanas de separación. Pasada la primera emoción, organizamos inmediatamente el Cuartel General de la Columna. En una habitación sombría y húmeda, comenzamos las primeras tareas y sin material organizamos la primera administración de esta Columna de mil hombres que iba rápidamente a crecer. Fue de ese pequeño pueblo, triste y austero, de donde salió toda la formación de nuestra Columna, bien imperfecta al principio, pero que poco a poco estuvo en la medida de dar satisfacción a las enormes necesidades de varios miles de hombres".

Vueltos ya a Bujaraloz, Durruti tuvo una primera discusión con Pérez Farras. Como militar profesional que era éste, y no aprobando los métodos que Durruti empleaba, aprovechó la circunstancia habida para recomendarle que estructurara mejor la Columna y revisara su plan de ataque a Zaragoza. En cualquier otro momento Durruti hubiera acogido las observaciones de Farras de buen grado, pero entonces sintió un punzante orgullo herido, ya que comprendía que esas observaciones no eran desinteresadas sino que nacían de una crítica al modo de organización libertaria. Durruti le repuso que cualquiera que no fuese libertario hubiera corrido también despavorido ante el citado ataque. Pero que existía la diferencia de "que esos hombres que habían corrido hoy, mañana se batirían como leones, pero sólo si se les trataba como obreros sorprendidos y no como soldados desertores ante el enemigo".

Desde el balcón de la alcaldía de Bujaraloz, Durruti se dirigió a los hombres de la Columna que se habían concentrado en la plaza. Pronunció un discurso duro; quizá, según confesión de uno de los oyentes, el más sentido discurso que Durruti había pronunciado en su vida militante:

"Amigos, nadie ha venido a esta Columna forzado. Es cada uno de vosotros que habéis elegido libremente vuestra suerte, y la suerte de la primera columna de la CNT y de la FAI es muy ingrata. García Oliver lo anunció por radio en Barcelona: salíamos para Aragón a conquistar Zaragoza o dejar la vida en el intento. Yo repito la misma cosa: antes que retroceder, hay que morir. Zaragoza está en manos de los fascistas, y allí se encuentran centenares, miles de obreros bajo la amenaza de los fusiles, que pueden dispararse a cada instante ocasionando la muerte de nuestros hermanos. ¡¿Para qué hemos salido de Barcelona, sino es para liberarles?! Ellos nos esperan y nosotros, ante el primer ataque enemigo, echamos a correr. ¡Hermosa manera de mostrar al mundo y a nuestros compañeros el coraje de los anarquistas que se llenan de miedo ante tres aviones!

La burguesía no nos permitirá implantar el comunismo libertario simplemente porque ése es nuestro deseo. La burguesía resistirá porque ella defiende sus intereses y sus privilegios. El único medio que tenemos nosotros para implantar el comunismo libertario es destruyendo la burguesía. El camino de nuestro ideal es seguro, pero hay que seguirlo con coraje. Esos campesinos que hemos dejado tras nosotros, y que han comenzado a poner en práctica nuestras teorías, lo han hecho tomando nuestros fusiles como garantía de su cosecha. Si dejamos el camino libre al enemigo, eso quiere decir que esas iniciativas tomadas por los campesinos son inútiles, y lo que es peor aún, los vencedores les harán pagar su audacia asesinándoles. Es éste y no otro el sentido de nuestro combate. Lucha ingrata que no se parece a ninguna de las que hemos librado hasta ahora. Lo que ha pasado hoy no es nada más que una simple advertencia. Ahora la lucha va a empezar de verdad. Nos enviarán toneladas de metralla y tendremos que defendemos con bombas de mano y hasta con cuchillos. A medida que el enemigo se sienta cercado nos morderá como una bestia acorralada. Y morderá duramente. Pero aún no ha llegado a ese punto, y ahora se bate para no caer bajo el peso de nuestras armas. Y es más, él cuenta con el apoyo de Alemania y de Italia, y nosotros contamos nada más que con la fe en nuestro ideal, pero contra esa fe se han quebrado los dientes todas las represiones. Y hoy se los tiene que quebrar también el fascismo.

Nosotros contamos a nuestro favor la victoria que hemos conseguido en Barcelona, y debemos aprovechar con rapidez esa ventaja, porque si no la aprovechamos, el enemigo, abastecido por los alemanes e italianos, será más fuerte que nosotros y nos impondrá la dura ley del vencido.

Nuestra victoria depende de la rapidez de nuestra acción. Cuanto más pronto ataquemos, más posibilidades tenemos de triunfo. Hasta este momento, la victoria está de nuestro lado, pero no será consolidada si no tomamos inmediatamente Zaragoza... Mañana no puede repetirse lo de hoy. En las filas de la CNT y de la FAI no hay cobardes. No queremos entre nosotros gente que se asusta ante los primeros disparos...

A los que han corrido hoy, impidiendo a la Columna avanzar, yo les pido que tengan el coraje de dejar caer el fusil para que sea empuñado por otra mano más firme... Los que quedemos proseguiremos nuestra marcha. Conquistaremos Zaragoza, libertaremos a los trabajadores de Pamplona, y nos daremos la mano con nuestros compañeros mineros de Asturias y venceremos, dando a nuestro país un nuevo mundo. Y a los que vuelvan, después de estos combates, yo les pido que no digan a nadie lo que ha ocurrido hoy... porque nos llena de vergüenza".

Y un testigo presencial comenta:

"Nadie soltó el fusil, pero aquellos que habían corrido lloraron de rabia ante sus compañeros. La lección había sido dura, pero esos hombres renacieron aquel día. Muchos de ellos fueron excelentes guerrilleros, y muchos también murieron en el transcurso de los treinta y dos meses de lucha desesperada".

La Columna Durruti emprendió su marcha hacia el Ebro, tomando Pina y Osera en combates bastante empeñados. Llegó hasta unos veinte kilómetros de Zaragoza, pero quedó detenida por el río y por la resistencia que opusieron las tropas de la capital aragonesa, estableciendo las tropas de Durruti una buena y eficaz red de trincheras y nidos de ametralladoras en sus últimas posiciones. Desde el Comité Central de Milicias se dio orden a esta Columna de detener su avance y estabilizarse, para esperar que la columna Ortiz, en el sur del Ebro, dominase Quinto y Belchite. Días antes vadearon con bastante dificultad este río fuerzas de dicha Columna, e hicieron prisioneros por sorpresa a una fuerza de caballería con un capitán y dos tenientes en el pueblo de Quinto, rechazándose con bastante frecuencia los contraataques de las tropas zaragozanas.

"Era de gran utilidad la información obtenida por esta Columna. Casi cada noche salían obreros de Zaragoza y entraban milicianos armados en la ciudad. Y así pudimos enterarnos de que muchos oficiales navarros habían sido instruidos en Italia y que, a finales de julio, al general Cabanellas le había sucedido en el mando de la V División el general Germán Gil Yuste".

La importancia de la cita anterior reside en el hecho de que, por una vez, se nos aclara de dónde partió la orden que detuvo la marcha de la Columna a veinte kilómetros de Zaragoza. Los técnicos militares todos son coincidentes en apreciar que era indispensable esperar la llegada de las Columnas que partían de Barcelona, para poder atacar frontalmente Zaragoza. Durruti, después de discutir en Bujaraloz con el coronel Villalba {oficial de confianza del C.C. de M.A. en Aragón) y otros jefes militares, pareció aceptar dicha teoría, mejorando sus posiciones entretanto con la conquista de Pina y Osera y entregándose a la vez a una reestructuración de la Columna. Sin embargo, los más destacados militantes de Aragón, como José Alberola, juzgaron erróneo el que la Columna no se lanzara a la conquista de Zaragoza, basándose en dos factores: primero, en la explotación del momento psicológico, que daba el hecho de la victoria de Barcelona y Cataluña y, segundo, que el ataque no debía ser frontal, sino por Calatayud, por la izquierda de Zaragoza y por Tardienta a su derecha. Más tarde, cuando se evidenció ya imposible la conquista de Zaragoza, Durruti hubo de reconocer su error, que él lo justificó señalando el riesgo que entrañaba un ataque en el que podía quedar completamente diezmada la Columna y, con ello, el sacrificio estéril de los compañeros que la integraban.

[...]

El profundo proceso revolucionario abierto en España atrajo hacia su tierra a infinidad de personas de las más variadas características: militantes, intelectuales, periodistas, políticos, historiadores, y, por supuesto, también a intrigantes y aventureros. La mayoría traía un cliché determinado, y bajo él deseaban apreciar los sucesos de la Península, por lo que sin conocer la historia de nuestro país ni las razones por las cuales se había producido aquella guerra, lo juzgaban todo con aires de suficiencia, observando a los españoles como bichos raros. A ese prejuicio se agregaba el hecho de que el anarquismo, que iba de capa caída en el mundo, se mantuviera lozano en España. Y, en consecuencia, como del anarquismo se tenía un falso concepto, no se podía aceptar que en España pudiera jugar un papel predominante en la vida del país como fuerza organizadora. Además, por una coincidencia histórica, en España se iba a replantear el debate que iniciaron, setenta años atrás, Carlos Marx y Miguel Bakunin. Era lógico que los seguidores de Carlos Marx se entregaran por sectarismo y siguiendo las órdenes de Stalin a denigrar cuanto no fuese obra de ellos, particularmente si los realizadores eran anarquistas. En el aspecto concreto del frente de Aragón, con relación a la organización de las milicias, los elementos de obediencia estalinista o trotskista intentaron imprimir un carácter castrense a sus fuerzas milicianas, pero hubieron de renunciar ante la oposición de los propios milicianos, aunque éstos no fueran voluntarios. El POUM intentó codificar la vida de las milicias bajo reglamento castrense, y hubo de renunciar. Aragón, con sus cuatrocientas colectividades agrícolas y los dieciséis mil combatientes de la CNT-FAI, había cambiado la fisonomía de su territorio en lo tocante a las relaciones sociales, y ya era imposible volver atrás.

La estructura "militar" de las milicias no satisfacía a los visitantes extranjeros, que la juzgaban ineficaz y condenada al fracaso. Koltsov, corresponsal ruso del diario bolchevique Pravda de Moscú, que visitó el frente de Aragón a mediados de agosto, se burlará de este sistema de milicias proletarias de la misma manera que sus colegas burgueses. No obstante, escritores y otros hombres mejor preparados para la comprensión de los problemas que presentaba la Revolución, rindieron homenaje a esas fuerzas revolucionarias que habían hecho retroceder a las fuerzas armadas insurrectas.

Entre estos últimos testimonios el más significativo de todos es el de George Orwell, combatiendo en Aragón, y no precisamente entre las fuerzas anarquistas:

"Los periodistas que se burlaban del sistema de las milicias pocas veces recordaban que éstas tuvieron que contener al enemigo mientras el Ejército Popular se adiestraba en la retaguardia. Y el mero hecho de que las milicias hayan permanecido en el frente constituye un tributo a la fuerza de la disciplina revolucionaria, pues, hasta junio de 1937, lo único que las retuvo allí fue la lealtad de clase".

Orwell podía incluso ser más concreto, preguntando a esos periodistas: ¿Qué hubiera sucedido si esos milicianos, cuando se produjo la sublevación militar, en vez de salir hacia Aragón se hubieran metido en un cuartel para aprender la "instrucción" militar y marcar el paso? No hay que ser un lince para saber que, licenciado el Ejército por la República el 20 de julio, y pasadas las tres cuartas partes de los oficiales del mismo al bando enemigo, los rebeldes se hubieran adueñado de España en 24 horas, porque no existía un Ejército para impedírselo. Fueron esas milicias las que pararon, como pudieron, el avance de los sublevados. Cuando después de un año de lucha se contaba ya con un medio Ejército, infiltrado de estalinistas, fue, como escribe Orwell, el momento de atacar no a las milicias, sino a las bases sobre las cuales descansaban esas milicias.

"Más tarde se puso de moda criticar a las milicias y sostener que los fallos debidos a la falta de armamento y de adiestramiento eran el resultado del sistema igualitario... En la práctica, el estilo revolucionario de la disciplina merece más confianza... En un Ejército compuesto por obreros, la disciplina tiene que ser voluntaria... En las milicias, los abusos que son inherentes al Ejército no se hubieran tolerado un solo momento... Los castigos militares existían, pero eran aplicados en casos muy graves... La disciplina revolucionaria depende de la conciencia política, de una comprensión de por qué deben obedecerse las órdenes; necesita tiempo para formarse, pero también se necesita tiempo para convertir a un hombre en un autómata dentro de un cuartel. Dentro de las milicias se intentó crear una especie de modelo provisto de la sociedad sin clases...".

En los primeros días de agosto, aunque no puede hablarse de inactividad, la actividad que se llevaba a cabo no satisfacía a Durruti. El no era hombre de estar sentado, ni tampoco partidario de pasar su tiempo en inocuas conversaciones, que son las que se desarrollan generalmente cuando se espera algo que no llega. Iba de un lado para otro, visitando los puestos avanzados e interesándose por todos los detalles que pudieran informarle del movimiento del enemigo. El amanecer era el momento más importante en la vida de Durruti, porque era a esa hora cuando llegaban los compañeros que habían salido en misión especial al campo enemigo o a la ciudad de Zaragoza; los informes que traían eran aprovechados para mejor reforzar las líneas defensivas de la Columna, y cuando eran de orden general, se retransmitían al Comité Central de Milicias Antifascistas.

Los golpes de mano en campo enemigo daban también sus frutos: bien fuera realizando prisioneros, haciendo saltar con dinamita posiciones enemigas o agenciándose armas o munición que comenzaba ya a escasear de manera alarmante. Pero todo esto era insuficiente para dejar satisfecho a Durruti. y fue entonces cuando fijó su atención en las colectividades campesinas que iban brotando por todo el Aragón liberado con una espontaneidad asombrosa. Las relaciones que se habían establecido entre las colectividades en el sector que ocupaba la Columna y la Columna eran sumamente fraternales. Los campesinos visitaban la Columna, bien fuera para traer víveres o para pedir a Durruti que visitara la colectividad y les diera su opinión de cómo marchaban allí las cosas. Durruti, generalmente, accedía de buen grado, y si no podía enviaba a Carreño u otro compañero, de los tantos que había en la Columna, que pudieran dar su opinión sobre la marcha de la Comunidad visitada.

En el curso de las visitas que efectuó Durruti a las diversas comunidades, valoró la importancia que dicha obra colectivista podía tener para la expansión revolucionaria, y también estimó los peligros a que esa expansión colectivista estaba expuesta si no llegaba a constituir una fuerza unida, y sugirió a los campesinos que crearan una federación que comprendiera todas las colectividades formadas en Aragón. Esa federación -les dijo- no sólo os dará una fuerza organizativa, sino que os permitirá también elaborar planes de conjunto que puedan poner en marcha una economía socialista libertaria. Eso era, según Durruti, tanto más urgente por cuanto había, por parte de los elementos que constituían algunas columnas estalinistas, un propósito deliberado de hacer la vida imposible a los colectivistas. Con la federación, pensaba Durruti, se crearán condiciones nuevas en las que la solidaridad entre los campesinos será la mejor arma de defensa contra los enemigos del colectivismo.

A la vuelta de una de esas visitas a las colectividades, propuso al Comité de Guerra que se diera a conocer a los milicianos la obra que se estaba realizando, y que en vez de permanecer ociosos colaborasen con los campesinos en esa época de la cosecha del trigo. Además, los que estuvieran mejor informados, podrían discutir con los campesinos sobre la sociedad libertaria y sus organismos económicos. Se recogieron varias iniciativas que se pasaron, en forma de volante, para su discusión en las centurias, a fin de que todo el mundo tomara conciencia de la obra que estaba naciendo en Aragón. Los resultados de esa iniciativa fueron altamente positivos. Grupos de jóvenes libertarios fueron los primeros en presentarse como voluntarios para llenar el papel de combatientes-productores. y ése fue el comienzo de lo que en breve sería la Federación de Colectividades Aragonesas, del Consejo de Defensa de Aragón.

Pero no todo era idílico. La guerra existía en su aspecto brutal, y Durruti era el primero que más conciencia tenía de ello, porque el modo de vida que la guerra impone termina por degradar hasta al más revolucionario.

"El fin del hombre no es acechar y matar, sino ¡vivir!, ¡vivir!...", prorrumpía a veces Durruti, mientras daba grandes pasos por la sala en que se había instalado el Comité de Guerra. "Si esta situación se prolonga, terminará con la revolución, porque el hombre que salga de ella tendrá más de bestia que de humano...

Tenemos que darnos prisa, mucha prisa, para terminar cuanto antes".

Estas reflexiones hacían nacer en Durruti una impaciencia devoradora. Muchas noches, sin poder alcanzar el sueño, abandonaba el jergón donde dormía y "se iba hasta los puestos de vanguardia, pasando junto a los centinelas horas enteras contemplando fijamente las luces de Zaragoza. Muchas veces el día le sorprendía en aquella actitud".

A estas preocupaciones venían a agregarse otras que se derivaban de su función de delegado de Columna. Escuchar quejas de campesinos, que se lamentaban por el comportamiento de algunos hombres de su Columna en el pueblo. En general eran cosas mínimas, pero era el signo evidente de los vicios que provoca la guerra en el soldado, aunque sea miliciano, Cuando esto ocurría, trataba de llamar la atención del interesado ante la mayor cantidad posible de gente como medio de hacer reflexionar a la colectividad...

Pero a veces no bastaba la simple reprimenda. Un día encontró a un delegado de Centuria lejos de su sector, y preguntado qué hacía allí, le respondió que cinco hombres de su centuria habían abandonado la guardia y que les buscaba. Al fin se les encontró en un pueblo vecino, entretenidos en beber vino. Durruti se dirigió a ellos:

"¿Os dais cuenta de la gravedad del acto que habéis cometido? ¿No habéis pensado que los fascistas hubieran podido pasar por el puesto que habéis abandonado, y realizar una masacre entre los compañeros que os han confiado su seguridad? ¡Vosotros no sois dignos de pertenecer ni a la Columna ni a la CNT! ¡Dadme vuestros carnets!"

Los interpelados echaron mano a sus bolsillos y le dieron sus carnets, Aquello era lo último que de Durruti podía esperarse:

"-¡Vosotros no sois cenetistas, ni obreros; sois mierda, nada más que mierda! ¡Causáis baja en la Columna! ¡Iros a vuestra casa!"

Lejos de sentirse conmovidos, más bien parecían satisfechos y esa actitud exasperó aún más a Durruti:

"-¿Sabéis que las ropas que lleváis pertenecen al pueblo? Quitaos los pantalones".

Y en calzoncillos fueron conducidos a Barcelona.

Durruti tenía la facultad de pasar de la irritación extrema a la calma más perfecta, debido a que no era una naturaleza mezquina. Llegado al Comité de Guerra, le dijo a Mora que llamara a Barcelona por teléfono porque deseaba hablar con Ricardo Sanz:

"-Ricardo, ¿estás enterado de que hay en Sabadell un partidillo político que tiene en su local ocho ametralladoras escondidas? Te doy 48 horas de tiempo para que me sean enviadas esas ametralladoras... Escucha, envíame también con ellas tres agrónomos".

Y colgó el teléfono, ante la extrañeza de Mora y, seguramente, aún más de la de Ricardo Sanz, que no podía compaginar eso de ametralladoras con agrónomos. Aquel día Durruti había visitado varias colectividades, y en todas se lamentaban de no disponer de personal técnico. Algunas de ellas pedían agrónomos y otro personal técnico que pudiera orientarles sobre ensayos agrícolas que querían hacer sobre nuevos cultivos; y otras, en fin, se quejaban de que los militantes de mayor capacidad habían abandonado la colectividad para enrolarse en la Columna. Durruti tomó el nombre de los militantes reclamados que se habían inscrito en su Columna. Y los mandó llamar al Comité de Guerra. Cuando los tuvo presentes, les dijo:
"-Vuestros servicios no son necesarios en la Columna".

Y viendo el efecto que habían causado sus palabras en aquellos campesinos cambió de tono y les dijo sonriendo:

"-No, no se trata de eso que vosotros pensáis. Yo sé que os batís bien. Que sois valientes y generosos, pero los compañeros de vuestros pueblos os reclaman, os necesitan para poder llevar adelante la obra que habéis comenzado... ¿Qué quedará, después de la guerra, de los tiros que pegamos? La obra que estáis realizando en vuestros pueblos es más importante que el hecho de matar fascistas, porque lo que vosotros matáis con esa obra es el sistema burgués. y lo que seamos capaces de crear en ese sentido será sólo lo único que registrará la historia".


Textos están extraídos de la biografía Durruti en la revolución española escrita por Abel Paz. Fundación Anselmo Lorenzo 1996. 

COLUMNA DURRUTI, CENTURIA 47, GRUPO 4. BUJARALOZ. EN CAMPAÑA


 
http://www.portaloaca.com/historia/ii-republica-y-guerra-civil/357-la-columna-durruti.html
 

Durruti en la ciudad universitária - 15/16 de noviembre de 1936



Durruti en la ciudad universitaria (17/19 de noviembre de 1936 



La columna Durruti tras la guerra

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Como es bien sabido la Columna Durruti se formó durante los días que siguieron al aplastamiento de la insurrección en Barcelona. Se formó a partir de voluntarios provenientes de los sindicatos de la CNT de Barcelona y alrededores. Salió el 24 de julio de la ciudad con la firme intención de reconquistar Zaragoza, ciudad que estaba bajo el poder del fascismo al igual que casi todo Aragón.

Siempre se tuvo que hacer frente a una escasez crónica de armas y municiones. Aunque esto fue algo general para las milicias anarquistas y algunas socialistas pues las armas que llegaban de Rusia, de México y de Francia eran acaparadas mayoritariamente por los comunistas. Esta es una de las causas por las que los anarquistas fueran el grupo o movimiento social que más muertos sufrió en la guerra (sin contar las ejecuciones).



La Columna estuvo al principio en el frente de Aragón, pero cuando las tropas moras de Franco amanazaron la capital republicana la columna partió a defenderla. En Madrid, en defensa de la libertad y de la revolución cayeron más de mil milicianos entre ellos Buenaventura Durruti. La columna se acabó militarizando a comienzos de 1937. Más tarde se convertiría en la 26 División del Ejército Popular Republicano.



En 1938 se lanzó la ofensiva que se conocería como la Batalla del Ebro llegando a igualar en intensidad a las terribles batallas de la 1ª Guerra Mundial. La operación terminó en fracaso y acabó por hundir definitivamente la moral de los republicanos. En enero de 1939 cayó Cataluña. El derrotismo era tan grande que no se hizo gran cosa por defenderla o por resistir. Una enorme columna de refugiados, militares y civiles, cruzó la frontera con Francia. Entre los últimos que llegaron, con el ejército de Franco pisándoles los talones y bombardeados por la aviación fascista, se encontraban los soldados de la 26 División, la columna Durruti.



Pero llegar a Francia no significaba conseguir la libertad. Allí fueron rapidamente aislados y recluidos en campos de concentración en las playas del sur del país. Ni siquiera había barracones o algún lugar en donde cobijarse de la lluvia o del frío. La democrática República Francesa internaba a los refugiados españoles. Les temía porque habían vivido una revolución y porque muchos eran revolucionarios militantes. La propaganda gubernamental acusaba a los excombatientes anti-fascistas de ser el "ejército del caos". Como en Cataluña el anarquismo era el movimiento más numeroso con mucho (llegó a haber más de 1 millón de afiliados a la CNT) no debe extrañar que el movimiento mayoritario entre los refugiados en Francia fuese el anarquismo, seguido de lejos por el comunismo y las diversas tendencias republicanas. En los campos de refugiados era muy difícil organizarse, pues a quienes destacaban pronto los enviaban a España como alborotadores o subversivos.



Cuando estalló la Guerra Mundial la República Francesa reclutó directamente a los excombatientes antifascistas. No tuvieron elección: o al ejército o a España. Muchos de estos cayeron prisioneros tras la debacle aliada en la Batalla de Francia cuando los nazis parecían imparables. 14.000 prisioneros españoles fueron llevados directamente a Mauthausen de los cuales sobrevivieron unos 2000 hasta el final de la guerra. Los españoles no fueron tratados igual que a los prisioneros franceses o ingleses sino que se les quería ver desaparecer cuanto antes.



Los ex-miembros de la Columna Durruti fueron enviados a Africa. Se les enroló en la Legión Extranjera. Participaron en la reconquista del Chad, en pleno desierto. Otros españoles participaron en los desembarcos de Narvik y Trondheim, Noruega. Demostraron un valor sorprendente: de los 1200 que participaron en esta operación murieron 800 en su mayoría ex-cenetistas. Otros españoles combatieron en Rusia. Pero hubo alrededor de 60.000 españoles que participaron en la Résistance francesa. La derrota de Alemania y de Italia era el primer paso para la derrota de la España de Franco. Los españoles nunca tuvieron problemas para rebelarse contra los nazis. En esto dieron grandes lecciones de militancia y valentía a sus camaradas franceses que dudaban entre la lealtad al régimen fascista de Vichy y la rebelión.



Durante la guerra los españoles se organizaron en diferentes alianzas anti-fascistas. Las disputas entre los comunistas y los demás grupos durante la guerra española llevaron a que nunca hubiera una unión que agrupara a todos los exiliados españoles. Las principales organizaciones fueron la UNE comunista (Unión Nacional Española) y la ADE (Alianza Democrática Española) que unía a anarquistas, socialistas, republicanos y nacionalistas.



Debe tenerse en cuenta que la zona que va desde el Loira hasta los pirineos se liberó por insurrección popular. Las tropas aliadas no entraron, no les hizo falta. Los anarquistas tuvieron bastante que ver en esto. El batallón anarquista Libertad liberó Cahors. La liberación región de Foix y de la misma Toulouse fue obra de estos antifascistas muchas veces libertarios, impusieron un régimen social más justo y democrático. Desgraciadamente esta nueva sociedad fue pronto barrida por el héroe libertador Charles De Gaulle.



Volviendo a lo que quedaba de la Columna Durruti, algunos participaron también en la liberación de África del Norte. En 1944 los primeros en entrar en París fueron los soldados de la 9ª compañía "francesa" de tanques compuesta casi en su totalidad por españoles, muchos de ellos supervivientes de la Columna Durruti. En la 2ª División Francesa (a la que pertenecía la 9ª compañía) servían 3200 españoles. En la liberación de París participaron también 4000 españoles en la forma de guerrilla urbana. Tras la liberación de la capital francesa muchos integrantes de la compañía estaban robando armas de los arsenales americanos para enviárselas a las guerrillas en España. En el desfile de la victoria destacaron los tanques de la compañía con sus llamativos nombres de "Guadalajara", Teruel ", " Madrid ", " Ebro ", etc.



Los soldados españoles tenían fama de valientes y de alocados, eran guerrilleros natos y expertos en la guerra. El capitán de su compañía decía que los españoles eran difíciles y fáciles de mandar. Conforme a sus ideales libertarios se les tenía que explicar las cosas y tenían que entender la razón por la que se les pedía algo. Tenían que aceptar la autoridad de sus mandos por sí mismos. Pero cuando aceptaban su confianza era total. " Eran casi todos anti-militaristas, pero soldados magníficos, valerosos y experimentados. Si habían abrazado nuestra causa espontáneamente y voluntariamente era porque era la causa de la libertad. Eran en verdad combatientes por la libertad ".



La 9ª Compañía siguió con su periplo combatiendo en Mosela y siendo los primeros en llegar a Estrasburgo apoyados por la infantería norteamericana. Su gloriosa campaña terminó en el "nido de águila" de Hitler, en su refugio de los Alpes, en un pueblo alemán llamado Berchtesgaden. Después de la guerra muchos integrantes de esta compañía pasarían a la guerrilla en España algunos llegando a luchar hasta 20 y 30 años contra el fascismo, primero en la Guerra Civil, luego en la Guerra Mundial y finalmente en las guerrillas.



Manuel Alfonso Ortells. El hombre que dibujó la muerte








Manuel fue el preso número 5.564 de Mauthausen. El viaje que le llevaría a un campo de concentración nazi comenzó el 21 de diciembre de 1936 cuando se alistó en la columna Durruti para batallar en el bando republicano en el Frente de Aragón, donde al poco tiempo, sería nombrado sargento. "Me fui, no dije nada en casa, a mi madre. ¡Le di un gran disgusto a la pobre! Partí con mi primo y fue su madre quien se lo dijo a la mía", relata Ortells en la obra.
Ortells vivió toda la Guerra Civil al frente de la batalla y suya fue la obligación de dirigir a 100 hombres hacia la frontera francesa en febrero de 1939. Lo consiguió, pero al otro lado de la frontera no le esperaba la libertad. Pasó por dos campos de concentración franceses para después ser reclutado en Francia por la Compañías de Trabajadores Extranjeros y capturado por soldados nazis el 24 de junio de 1940. El 11 de diciembre de 1940 fue trasladado al campo de Mauthausen.

"Éramos muchos y no sabían qué hacer con todos nosotros, éramos muchos. Nos pusieron en una barraca con todas las cosas. Aproveché y escondí cosas, lápices, papel, fotos, el dibujo del retrato de mi madre, todo rápido, rápido, rápido... en el colchón. No nos registraron hasta el día siguiente, cosa muy rara. Rarísimo aquello. Cuando llegamos estábamos todos en un estado de shock salvaje", relata.
Gracias a que no fue registrado aquel día, Ortells consiguió salvar sus objetos más íntimos y personales como dibujante de la requisa que los SS hacían con los presos al entrar en el campo. Aquel dibujo del rostro de su madre le acompañaría siempre, hasta la fecha de la liberación.

FRANCISCO CARRASQUER EN SU CIRCUNSTANCIA

Publicado: julio 30, 2012 en ArtículosLiteratura
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Nueve días después de colgar este artículo, me comunican la muerte de mi amigo. Salvo la edad, nada hacía pensar en ella. Aunque ingresado en una residencia y con algunas lagunas ocasionales, se encontraba perfectamente y su familia me comunicó su alegría y sus abrazos, cuando le llevó este texto. Estoy de viaje y no tengo a mano alguna otra cosa, que me gustaría publicar. Quedo comprometido en hacerlo a mi vuelta. Mientras este sindicalista radical y puro desaparece, veo en televisión cómo los capos de CCOO y UGT se reúnen con el Borbón. Estupor ante la muerte, repulsión ante esta clase de vidas.   
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Francisco Carrasquer cumple hoy 97 años. En 2006, año en que recibió el Premio de las Letras Aragonesas, como se dice en este artículo, era el decano de las mismas y, venturosamente, sigue siéndolo. Lo conozco hace cuarenta años y a pocos seres humanos he respetado más por su entereza, su bonhomía, su inteligencia y su compromiso con la justicia. Carrasquer es uno de esos libertarios que empequeñecen porque uno siente que nunca podrá llegar a su grandeza de corazón.
El texto que se reproduce fue publicado en la revista Turia nº 84, noviembre 2007-febrero 2008, pp. 307-315.
Francisco Carrasque, en 2003
   La figura de Francisco Carrasquer (Albalate de Cinca, 1915), último Premio de las Letras Aragonesas y hoy decano de los escritores nacidos en el antiguo reino, resume en su peripecia un siglo de historia de España, centuria frondosa en acontecimientos, como lo fue la anterior, pero en la que los cambios estructurales y superestructurales en el país han sido infinitamente mayores. Carrasquer nace en el mismo año en que se publica la teoría de la relatividad y andan en eclosión los vanguardismos. En 1915 nacen también dos hombres generalmente bienintencionados, como Fernando Claudín y Manuel Tuñón de Lara, pero que militaron en la otra izquierda, la que calumnió, persiguió y, a menudo, pudo eliminar a la izquierda libertaria de la que Carrasquer es hoy, quizá, su representante vivo más eximio. De 1915 fueron también Torcuato Fernández Miranda, según algunos, árbitro y muñidor de la transición española, y dos Arturos universales, el checo Artur London, prófugo malgré-lui del “ideal” comunista y otro superviviente de mil batallas de otro cariz, el dramaturgo estadounidense Arthur Miller. Igualmente, durante ese año vinieron al mundo los aragoneses Alfonso Buñuel y Luis Horno Liria.
 Poco tuvieron que ver los orígenes de todos ellos con los de Francisco Carrasquer, que ve la luz en un pueblo en el que, como la mayoría de los núcleos rurales españoles de la época, el tiempo se ha detenido y cuyos habitantes, menos de una década después, se fotografiarán maravillados rodeando el lujoso automóvil de su hijo más conocido, Miguel Fleta. Francisco es el sexto hijo de una familia de nueve de la que sobrevivieron cinco, Félix, Antonio, José, Francisco y Presentación. La situación familiar, aun dentro de la precariedad con la que entonces se vivía, no era mala porque el padre, Félix Carrasquer Pueyo, era secretario del Ayuntamiento, del Juzgado y del Sindicato de Riegos y también poseía algunas tierras. Prueba de la citada precariedad es que en 1921 la madre, Presentación Launed Carrera, muere ahogada en la acequia a la que había ido a lavar la ropa. El padre contrae nuevo matrimonio con Mariana Alaiz de Pablo, hermana del excelente y muy olvidado escritor anarquista, Felipe Alaiz[1] (1887-1959), con la que tuvo otro hijo.
 Como sucedía frecuentemente con los escolares de algunas luces, Francisco ingresa a los diez años en el seminario de su diócesis, sito en Lérida. Cuatro años más tarde, perdida la fe, no quiere regresar a casa y se marcha a Barcelona, donde prueba en varios oficios y vive intensamente la proclamación de la República y la euforia popular pero, como le sucedió al Sender adolescente, su padre lo va a buscar para llevarlo de regreso al pueblo. Allí trabaja en el campo y, como panadero, en la tahona de su hermano mayor, Félix (1903-1995), que, a pesar de su ceguera, con el tiempo se convertiría en el referente inexcusable de la pedagogía libertaria en España. En 1933, como sucedió en otros lugares, Albalate de Cinca  proclama efímeramente el comunismo libertario, lo que significa la cárcel para los izquierdistas que propiciaron el hecho, entre los que se encuentran tanto Félix, principal instigador de la revolución, como el padre de Francisco. Este decide volver a Barcelona, donde, con ayuda de su hermano José, que oficia de maestro en Esparraguera, cursa el Bachillerato en el Instituto Balmes y él mismo aprovecha su incipiente formación para impartir clases en la Escuela Racionalista Eliseo Reclús y en el Ateneo de las Corts. Ya comprometido militante libertario, al producirse la sublevación militar, es de los primeros en ocupar los cuarteles de Pedralbes y de Caballería. Todo ello lo ha narrado con vívida intensidad en “Mis tres días de julio”, texto incluido en Ascaso y Zaragoza. Dos pérdidas: la pérdida (2003). Allí cuenta cómo, cuando las multitudes se disponían a saquear el convento de los Descalzos, lanzó una arenga que salvó las vidas de los frailes y los tesoros del convento, que fueron puestos a buen recaudo.
 Carrasquer hizo toda la guerra[2] en el frente, primero como miliciano, después como jefe de centuria y, finalmente, como jefe de Estado Mayor de la Columna Durruti que pasó a denominarse 119ª Brigada de la 26ª División. Como era de rigor, combinó sus funciones estrictamente militares con las clases de primeras letras a milicianos no alfabetizados.
 En plena derrota republicana Carrasquer cruza la frontera francesa el 10 de febrero de 1939 y es internado, con más de diez mil combatientes de su división, en el campo de concentración de Vernet d’Ariège, 58 kilómetros al sur de Toulouse. Las terribles condiciones de los internados las narra por ejemplo, otro Arturo más, Koestler, en La hez de la tierra. Sin embargo, Francisco tiene, al fin, algo de suerte pues, justo cuando el campo se va a convertir en el depósito de los intelectuales y revolucionarios considerados como peligrosos por el gobierno francés, es reclamado por la Universidad de Nantes para trabajar como lector. Sin embargo, Francia es invadida antes de incorporarse, con lo que ha de buscar un trabajo más productivo para ayudar a mantener a sus padres y hermanos, todos refugiados en el país galo. Acosado por los alemanes, en 1943 Francisco pasa clandestinamente la frontera pero es detenido, recluido durante seis meses en la Cárcel Modelo de Barcelona e incorporado al tabor nº 5 de Regulares en Marruecos, donde pasó tres años[3]. Licenciado a fines de 1946, vuelve a tomar relación con los círculos de la resistencia y es detenido de nuevo por redactar un manifiesto de la Alianza Democrática. Torturado, como era usual, y tras seis meses de cárcel, obtiene la libertad provisional en espera de juicio. Termina entonces su Bachillerato y, para sufragar su matrícula en la Universidad, escribe su primer libro, Manda el corazón (Bruguera, 1948), una novela rosa, que ni el propio autor pudo encontrar cuando se preparó la exposición conmemorativa de su reciente premio de las Letras Aragonesas.
 Llevaba entonces Francisco, más de diez años –toda su juventud- consumida, en la guerra, en el campo de concentración, en la resistencia antifascista, en la cárcel y, como reclutado forzoso, en el ejército de Franco. No resulta extraño que, ante la perspectiva de la pronta celebración de su juicio, decidiera volver a cruzar la frontera y “descansar” en Francia. Más extraño parece el que gentes que pasaron por penurias como las que se narran, conservaran –y, en su caso, conserven- una inusitada bondad personal, una suerte de pureza que a algunos puede parecer ingenua y que sólo se comprende por la posesión de una fe en la humanidad, como la que ostentaban los primeros anarquistas, formados en una sociedad tan injusta y brutal, que hacía necesario construir una esperanza.
 Carrasquer se apresta finalmente a cultivar lo que era su verdadera vocación, la intelectual, y opta por matricularse en la Sorbona para estudiar Psicología con maestros como Gurvitch, Merleau-Ponty o Piaget. Se ayuda con clases particulares y sucede a José Martínez como secretario de la FUE y delegado de Interayuda Universitaria. Con José Martínez Guerricabeitia, el fundador de El Ruedo Ibérico, sin duda, la más potente y digna iniciativa cultural antifranquista de toda la oposición al régimen, mantuvo Carrasquer una larga y profunda amistad, cimentada en una muy copiosa correspondencia.
                                        Con José Martínez, fundador de Ruedo Ibérico, París, h. 1980 
Con los cuatro certificados de la carrera en su poder, en 1953 acepta una propuesta para trabajar en programas culturales de la Radio Internacional neerlandesa, ubicada en Hilversum. Acomete entonces los estudios de letras, que culminará en 1965 y en 1956 publicará en Ámsterdam su primer libro de poesía,Cantos rodados. Desde entonces su labor cultural en los campos de la radiofonía, la traducción y los estudios literarios va a ser fecunda. Destacaremos en esta década de los cincuenta, la fundación de la revista Norte en 1956 y el premio Nijhoff del Gobierno holandés a la mejor traducción del neerlandés a la lengua extranjera (1960). En 1963 obtendrá similar distinción por parte del gobierno belga. Y es en ese mismo año cuando publica en la santanderina colección de La Isla de los Ratones el que quizá es su mejor libro poético, Baladas del alba bala, reeditado en 2001. En 1968 publica su tesis doctoral sobre Sender, la primera que se leía en una universidad europea.
 No resulta nada extraño que Carrasquer tomara la obra y, después, la figura de Sender como objetos de su indagación intelectual. Las coincidencias y concomitancias entre su vida y la de su paisano, nacido tan sólo catorce años[4] antes que él y a diez kilómetros de su pueblo, sólo que en distintas riberas del Cinca, son tantas que parece que no podría haber sido de otro modo, a pesar de que entre ellos nunca hubiese habido el menor contacto. A la cercanía de edad, origen y formación, se unía la militancia libertaria, la participación en la guerra y la dura peripecia del exilio, la actividad intelectual, el profesar en una universidad extranjera y una similitud de puntos de vista y hasta de actitudes literarias -salvando las naturales distancias en intención, actitud y género-, que pueden resumirse en el estilo desafectado, la multidireccionalidad temática y el variado sustrato cultural no acomodado a escuelas o esquemas.
  Carrasquer no sólo fue el primer estudioso europeo que se acercó a Sender[5] sino el que, a través del tiempo, más ha insistido en la atención y en la voluntad de desentrañamiento. Desde la publicación de su tesis en 1968[6], han sido cinco libros monográficos[7],dos ediciones críticas[8] y una antología poética[9] en torno a la obra senderiana. Ocho, pues, en total, los libros dedicados al autor de Chalamera, amén de otros muchos trabajos dispersos, como el que contiene su, por ahora, último libro, Servet, Spinoza, Sender. Miradas de eternidad (2007). Para Carrasquer, fue Sender el autor del siglo XX que más se acercó y mejor comprendió críticamente el anarcosindicalismo y también el escritor español que, a lo largo de dicha centuria, más se ha inspirado en el pueblo y conspirado con él. Lo que, sin duda, le valió el ninguneo de la crítica durante mucho tiempo y, lo que es más grave, la neutralización de su obra. Efectivamente Sender, que en los años treinta se había constituido en el novelista más sólido y prometedor del panorama nacional, padeció el arrumbamiento destinado a los exiliados políticos, pese a que en los años cuarenta y cincuenta realizó, seguramente, la aportación más decisiva y más alta cualitativamente de toda su trayectoria narrativa[10]. Si desde muy temprano le acompañó el reconocimiento de la crítica, especialmente de la anglosajona, y fue repetidamente traducido, no corrió la misma suerte en los círculos críticos del exilio y hubo que esperar a los años sesenta para que en España se lo conociera y apreciara. A la primera recepción entusiasta -y más por parte de los lectores que de los orientadores de opinión- sucedieron las reticencias y guiños reprobatorios de una buena porción de críticos[11], en su mayor parte cómplices, conscientes o inconscientes, de la manipulación cultural comunista, que enfangó el debate intelectual durante tantos años. Francisco Carrasquer, especialmente en “El raro impacto de Sender en la crítica española”, pero también a lo largo de muchos otros de sus escritos, es uno de los que con más tino han denunciado esa evidencia que sólo desde hace unos cuantos años ha  empezado a suscitar las reflexiones oportunas.
 Tras la publicación de su tesis, Carrasquer publicó en la prestigiosa colección El Bardo de Barcelona el que era su tercer libro de poesía, Vísperas (1969), que tuvo dos reediciones bilingües holandesas, la primera de ellas prologada por Lucebert, el más reconocido de los poetas de los Países Bajos. En la misma colección apareció poco después su monumental Antología de la poesía neerlandesa moderna (1971). Junto a la traducción del clásico por antonomasia de la literatura holandesa, el Max Havélaar de Multatuli y su libro Holanda al español (1995), amplísima visión sobre la sociedad y la cultura neerlandesas, son las tres principales contribuciones del escritor aragonés a la difusión cultural del país que le había dado acogida. Entre los reconocimientos que los holandeses le otorgaron, además de los citados Premios Nacionales de Traducción en Holanda (1960) y Bélgica (1963) figura la distinción de Comendador de la Orden de Orange-Nassau, impuesta por la reina Juliana.
 A partir de la publicación de su tesis, pasa de la Universidad de Groninga a la de Leiden, donde enseñará durante dieciocho años. Será esta su época de mayor actividad en el campo de la crítica literaria[12], que combina con su pasión por el arte –junto a su mujer, María Antonia Vidal Morera, regentó durante varios años una galería en Leiden- y la defensa y difusión del ideal ácrata. Aunque en este terreno todas sus publicaciones serían en periódicos y revistas libertarias, especialmente en Cuadernos de Ruedo Ibérico, a partir de la llegada de la libertad de prensa en España publicará en revistas de ideas afines como El viejo topo, Ajoblanco Polémica. Será años más tarde cuando aparezcan sus libros, llamémosles ideológicos:Nada más realista que el anarquismo (1991), El grito del sentido común. De los automatismos a la libertad (1994) y Ascaso y Zaragoza. Dos pérdidas: la pérdida (2003). Es en la segunda de estas obras donde el autor trató de explicar su pensamiento filosófico y político en un intento de sistematizar desde muy diversos ángulos el ejercicio del sentido común, que no es sino el ejercicio de la libertad y del deseo. Para él, en la historia -un continuo tejer y destejer- el hombre se ha ido alejando de su instinto, de su intuición, de su naturalidad primordial pero también ha ido avanzando en el sentido de la justicia. Por otra parte, el hecho de no forzar las convicciones y de que la actitud libertaria por antonomasia sea la duda, el poner continuamente en solfa aquello que se propone en un momento dado, ha hecho al movimiento libertario tan atractivo como débil. Aunque, como estampó Enzensberger: “la seducción tiene más fuerza que la imposición”, ocurre que las certezas son más fáciles y la gente lucha más segura en favor de las evidencias impuestas, como sucede con los seguidores de fascismos, leninismos e integrismos. La nueva misión de la izquierda sería conjugar libertad y orden y sustituir la fascinación del poder por la de la palabra.
 Una vez jubilado, Carrasquer había regresado a España en 1985 para instalarse en el pueblo de su mujer, Tárrega, y recibir la Encomienda de la Orden del Mérito Civil por su labor de hispanista. Desde entonces no ha cesado su labor intelectual y a los libros citados hay que unir una amplia antología de su poesía con mucho material inédito, Palabra bajo protesta (1999) y el recientemente publicado Pondera… que algo queda! (2007) en el que reúne poemas exaltatorios para amigos y personajes que admira.
 Asimismo parece que próximamente el ayuntamiento de Tárrega va a publicar la obra lírica completa* de quien es uno de nuestros poetas más desconocidos, tanto por haber vivido la parte central de su vida lejos de Aragón, como por haber sido muy desigualmente publicado en nuestro medio. Por otro lado, sus ideas libertarias han dificultado la acogida de su obra por parte de los poderes culturales y, al mismo tiempo, su carácter poco adicto a capillas y cenáculos tampoco podía facilitarle la positiva recepción que en algunos ámbitos -no muchos ni muy poderosos, es cierto- se dispensa a quienes ostentan el marbete de heterodoxo. Pero, dada su originalidad y fuerza, la variedad de registros (épico, existencial, intelectual, amoroso, social…) y su falta de respeto a las modas y tópicos del tiempo es indispensable recuperar la figura del albalatino para la poesía aragonesa contemporánea.
 Poeta enérgico, reflexivo y, a la vez, conflictivo. Analítico y, como tal, profundamente conceptista; vanguardista, por expresionista; pasional y existencial, como no podía ser de otra manera, su visión del mundo está mucho más cerca de Camus que de Sartre y es, por tanto, más humanista, más moderna, más inteligente. En ella, frecuentemente, se establece un juego de prioridades entre la razón y los sentidos. Desconfiando de una y de otros, la salida es muchas veces el juego lingüístico, el humor. Juegos ocasionales, humor grave, si se quiere, pero siempre asomando ese hocico burlón y escépticamente admonitorio.
 Carrasquer continúa escribiendo y todavía tiene entre manos varios proyectos, entre los que se encuentra la publicación de su novela Los centauros de Onir. Lástima que una vida tan larga y plena de acontecimientos no nos haya deparado unas memorias, género cada vez más en auge, en  un país, que no sé si acertadamente, siempre ha sido señalado por la escasez de producciones en dicho terreno[13]. Tal vez, el característico exceso de modestia de Carrasquer le haya llevado a decidir que su vida no tenía demasiada importancia. Pero él sigue en la brecha de la crítica literaria, la poesía y la reflexión histórica y social. Por ejemplo, y por citar uno de sus textos recientes, en el último artículo –aún inédito- que he recibido de él, escribe:
 “…ya hemos aprendido todos la lección de que sólo es realmente libertaria la revolución que se hace por educación y civismo bien entendido, a saber: el comportamiento libertario en sociedad nos da el derecho a todos a ser libres, pero también nos impone el deber de hacer libres a los demás. He aquí la fórmula definitiva del libertarismo”.
 La sorprendente vitalidad intelectual y la ejemplar trayectoria civil de un hombre tan representativo de nuestra reciente historia y de nuestro siglo y que, por su audacia, potencia intelectual y singularidad, debiera haber sido objeto de otra atención, resalta la justicia y el buen tino del último Premio de las Letras Aragonesas.
*Poesía completa, Ayuntamiento de Tárrega, 2007. En 2010 Prensas Universitarias de Zaragoza editóPoemario aleatorio.

[1] Carrasquer le dedicó un estudio-antología, Felipe Alaiz, Madrid, Júcar, 1981, todavía hoy la obra más importante que se puede encontrar en nuestras librerías sobre el escritor de Bellver de Cinca.
[2] Carrasquer ha novelado su peripecia bélica en la que, salvo su primera obra alimenticia, hoy es su única narración extensa, Los centauros de Onir, que, increíblemente, permanece inédita.
[3] Aunque Carrasquer ya hubiese bregado con peores dificultades, parece que su paso por África no fue tan duro como se podía prever, gracias a la simpatía que inspiró en su capitán y a su capacidad, entonces inusual entre la tropa, para las cuestiones burocráticas.
[4]  Cronológicamente, Sender pertenecería a la del 27, mientras que Carrasquer -tres años más joven que Ridruejo, por ejemplo- se incluiría en la del 36.
[5] La primera tesis –mediocre pero meritoria, por pionera- fue americana y se debe a la pontevedresa Josefa Rivas. La publicó Editores Mexicanos Unidos en 1967.
[6] “Imán” y la novela histórica de Ramón J. Sender -primera incursión en el “realismo mágico” senderiano-, Uitgeverij Firma J. Heijnis Tsz., Zaandijk, 1968. Reeditada, con  numerosas corrreciones y ampliaciones, bajo el título de Imán” y la novela histórica de Sender (prólogo de Ramón J. Sender), London, Tamesis Books Limited, 1970.
[7] La tesis citada y La verdad de Sender, Tárrega, Cinca, 1982; La integral de ambos mundos: Sender, Zaragoza, Prensas Universitarias, 1994; Sender en su siglo (edición de Javier Barreiro), Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2001; Ramón J. Sender, el escritor del siglo XX, Lérida, Milenio, 2001.
[8] Imán, Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1992; Réquiem por un campesino español, Barcelona, Destino, 1998.
[9] Rimas compulsivas (Antología de la poesía de Ramón J. Sender), El Ferrol, Esquío, 1999.
    [10] Carrasquer apunta que el exilio probablemente favoreció artísticamente su escritura, como les sucedió a otros autores. Aunque sea aventurado hablar de supuestos, puede concluirse que la tensión a que se ven sometidos los creadores en circunstancias vitales difíciles ha deparado muchas de las mejores producciones intelectuales de la historia.
    [11] Reveladora es la observación de Carrasquer acerca de la distinta recepción por parte de laintelligentsia de los premios Planeta concedidos a Sender y Vázquez Montalbán. Lo que en uno se interpretaba como achantamiento de cerviz y venta al todopoderoso capital, en el otro constituía el reconocimiento de la industria editorial a una trayectoria literaria y civilmente modélica.
[12] Algunos de sus numerosos artículos se reúnen en dos publicaciones de la Universidad de Leiden en 1980: La literatura española y sus ostracismos y Antología de artículos.
[13] Fernando Durán López en su Catálogo comentado de la autobiografía española (Siglos XVIII y XIX), Madrid, Ollero & Ramos, 1997, recoge 479 autores.
                                                       Carrasquer y el firmante en Leiden

Mosén Jesús Arnal Pena


Publicado: noviembre 22, 2012 en
Permítaseme, y a modo de reflexión, recordar algunos hechos ocurridos   durante la Guerra Civil Española y contraponerlos a lo ocurrido en otros pueblos de España.

“Cuando los milicianos entraron en el pueblo de Candasnos –situado en la Carretera Nacional II entre Zaragoza y Lérida, y más en concreto entre Bujaraloz y Fraga- el Jefe del Comité Local Revolucionario y de Defensa de Candasnos Timoteo Callén, cuando fue preguntado a quien había que fusilar en el pueblo, contestó sin vacilar: “aquí no hay nadie que tenga que ser fusilado”.
- Y ¿el cura, donde está el cura?
- El cura se ha ido a Zaragoza, fue la respuesta.
 En Candasnos no se fusiló a nadie.
Pero todavía hay más:
Hijo del pueblo había un sacerdote, Jesús Arnal Pena, que estaba de cura en un pueblecito al NE de Graus, en plena montaña, que se llamaba Aguinalíu de la provincia de Huesca. Cuando los milicianos fueron por allí buscando al cura, él se había refugiado ya en la montaña. Desde el pueblo se domina todo el valle y se puede observar quien se acerca por la carretera. Mosén Jesús conocía bien la montaña porque acostumbraba a ir de caza con los vecinos de su parroquia. Allí estuvo refugiado durante mucho tiempo en una de las cuevas inaccesibles e invisibles por la maleza del entorno. Alguien del pueblo le subía de vez en cuando víveres suficientes para subsistir.
Cuando se cansó de estar escondido se decidió a bajar  monte través, siempre caminando por la noche y descansando y escondido por el día, con la idea de llegar hasta su pueblo, Candasnos, y refugiarse en su casa. Y Así fue.
Estuvo escondido en su casa hasta que un día se acercó su paisano y amigo Timoteo Callén que le dijo:
“Mira Jesús, aquí no estás seguro porque ya empieza a correr el rumor de que estás en el pueblo. Por lo que te propongo que esta noche ,con dos más de tu confianza te llevemos hasta Bujaraloz donde Durruti tiene su Cuartel General y está al mando de su columna, la “Columna Durruti”. Es amigo mío y veremos qué podemos hacer…”
Timoteo Callén, anarquista de la F.A.I. y Presidente del Comité local, perteneciente al grupo de Durruti  (amigo suyo desde la infancia), lo tomó bajo su protección e impidió de ese modo que milicianos incontrolados llegados desde Barcelona pudieran poner en peligro su vida. Todo el pueblo unánimemente exigió respetar su vida (Arnal cree que en ese momento se pusieron las bases para que en Candasnos no se asesinara a nadie a lo largo de toda la guerra) y así Callén se armó de razones para enfrentarse a los grupos incontrolados que periódicamente aparecían por el pueblo y que no podían entender ni estaban dispuestos a admitir que el cura del lugar siguiera vivo.
Una vez estuvo frente a Durruti . éste lo miró de arriba a bajo y dijo: “Timoteo si este cura es tu amigo, es mi amigo”. Y dirigiéndose al cura, que naturalmente no llevaba sotana, le espetó: “Jesús, tienes dos opciones: o marcharte y, tarde o temprano, caerás en manos de algún grupo de milicianos, con lo que no te aseguro tu supervivencia, o quedarte conmigo y hacer de secretario. Yo necesito uno que me lleve la relación de todos mis hombres y se encargue de dar los permisos que se requieran para que se ausenten del frente, visiten a sus familias en Barcelona y controle su retorno”.
Todo esto y más lo cuenta el propio Jesús Arnal en el libro de sus memorias “Por qué fui secretario de Durruti”, que escribió cuando volvió a ejercer de sacerdote, una vez terminada la guerra en la Parroquia de Ballobar. Es un libro curioso y sincero que podría servir de síntesis para actitudes que unieran a los dos bandos de la Guerra Civil Española. “Jesús fue humano con los rojos, y por eso Durruti lo preservó aun después de su muerte, pues los de su Columna, por respeto a su Jefe, lo siguieron protegiendo.
Recordemos que Durruti cayó herido el 19 de Noviembre de 1936 en el Frente de Madrid donde el Gobierno Republicano exigió su presencia con  parte de su Columna. Murió el día 20, el mismo día que José Antonio Primo de Rivera fue fusilado. Y fue enterrado en Barcelona el día 21 con todos los honores.


 Jesús siguió con el resto de la Columna Durruti hasta que Bujaraloz fue tomado por los Nacionales. Se retiró con sus compañeros de la Columna a Barcelona, y después marchó a Francia con los mismos compañeros. Una vez en Francia, y como otros muchos hicieron, se desplazó hasta Hendaya, y por Irún entró nuevamente a España. Del campo de Concentración en Pamplona fue rescatado por sus familiares y llevado a Candasnos. Muchos intercedieron por él hasta que quedó libre plenamente y fue admitido como sacerdote por el Obispado de Lérida.


Y Jesús Arnal siguió siendo humano y comprensivo con todos bajo el mando de los Nacionales”. “Y por eso siguió ejerciendo de sacerdote”. “En su relato sobre la guerra, y visto desde su realidad, fue amigo de sus amigos anarquistas, y amigo con sus nuevos feligreses durante el mandato de Franco. No es necesario decir que durante “su jefatura” o su influencia en la Columna, salvó a muchos, y también después como sacerdote intercedió por otros muchos.
Estas palabras pueden servirnos para nuestra reflexión actual. Todos somos iguales como seres humanos.

Juan Catalán Balaña – de la columna Durruti

El 14 de octubre de 2012 muere en la Sede de Urgell (Lleida , Cataluña ) el anarquista y resistente antifranquista Juan Catalán Balanyà -su segundo apellido a veces castellanizado por Balaña - , conocido como El Pajarito . Había nacido el 21 de febrero de 1913 - algunas fuentes citan el 23 de febrero . Aún muy pequeño , abandonó la escuela y empezó a trabajar de carpintero . Cuando estalló la guerra se alistó en la « Columna Durruti » , en la que luchó hasta la retirada de Aragón . A mediados de 1938 entró en la 143 Brigada Mixta de la 24 División del Ejército republicano , destacada en el Alt Urgell , donde desarrolló servicios como guía y en tareas de espionaje . Participó en numerosos golpes de mano desde el grupo guerrillero « Libertador » , organizado por Francisco Ponzán Vidal con el fin de penetrar en territorio enemigo y evacuar los militantes libertarios bloqueados en Zaragoza , y como agente del Servicio de Información Especial Periférico ( SIEP ) . El 10 de febrero de 1939, cuando el triunfo franquista era un hecho , con Ponzán y el resto de miembros del grupo « Libertador » , cruzó los Pirineos .
Fue internado en los campos de concentración de Bourg Madame y de Vernet y consiguió un pasaje hacia México , pero renunció y prefirió permanecer en el campo , de donde salió el 18 de mayo de 1939 , con Francisco Vidal ( Berdie ) y Pascual López Laguarta ( Sixto ) , para comenzar la lucha armada contra el franquismo . Experto guía pirenaico , realizó continuos viajes orgánicos como correo de la Confederación Nacional del Trabajo ( CNT ) hacia la Península y también en nombre de las tropas aliadas . Entre mayo y junio de 1940 difundió el manifiesto « A todos los españoles » , llama a la neutralidad española y firmado por la Alianza Democrática Española ( ADE ), la difusión de este manifiesto , considerado por el franquismo como alta traición , costó la vida a numerosos militantes libertarias ( Ángel Tarin Haro , Enrique Gozo Lostado , Enrique Escobar Vaello , etc . ) . El 5 de junio de 1940 fue detenido en Cádiz ( Andalucía , España ) cuando se encontraba en misión orgánica . Llevado a Madrid, fue encerrado en la prisión de El Cisne e internado en la galería de los condenados a muerte . El 25 de noviembre de ese año consiguió huir con otro prisionero gracias a la complicidad de los compañeros y, a través de Zaragoza , llegó a Andorra , donde estableció contacto con Agustín Remiro Manero y Amadeo Casares Colomer .
A principios de 1941 fue detenido en la estación de Francia de Barcelona , con dos aviadores ingleses que debía acompañar al consulado británico , y llevado a la Dirección General de Seguridad . Consiguió huir en un interrogatorio en el despacho del juez y días después llegó a Andorra . En agosto de 1941 , en una nueva misión en Barcelona , en la que tenía que entrevistarse con Eliseu Melis Díaz , fue nuevamente detenido y encerrado en la Modelo de Barcelona tras negarse a colaborar con Eduardo Quintela Bóveda , jefe de la brigada político barcelonesa de la policía franquista . El 23 de diciembre de 1942 , con otros dos presos , evade saltando un muro , pero se lesionó y fue detenidos algunos días después y cerrado en la quinta galería de la Modelo . Después de recuperarse , fue trasladado a la cárcel de Lleida , de donde consiguió huir con estratagemas . En esta época rompió sus relaciones con Ponzán . El 25 de junio de 1944 fue detenido en Adrall ( Alt Urgell , Cataluña ) cuando retornaba de una expedición; juzgado en diciembre de 1946 , fue condenado a 12 años de reclusión y encerrado en la prisión madrileña de Carabanchel , de donde escapó en marzo de 1947.
El 1 de abril pasó a Francia, pero fue detenido por la policía francesa y acusado de «paso clandestino de frontera » , aunque fue liberado de la prisión de Toulouse gracias a las gestiones de Robert Tierras, antiguo miembro los servicios secretos de « France Libre » , y por su colaboración con el grupo de Ponzán . Enfermo de violentos cólicos nefríticos , en marzo de 1948 fue hospitalizado , pero no pudo recuperarse del todo de esta lesión que no le permitía trabajar . En esa época vivió como pudo y enero de 1951 intervino en el atraco a un furgón postal en Lyon ( arpitan ) que no tuvo éxito y en el que murieron dos personas . Juzgado , fue condenado a 20 años de prisión y fue encerrado en la prisión parisina de Fresnes , donde permaneció 14 años y medio. Después se estableció en Nimes ( Languedoc , Occitania ) y, una vez consiguió el pasaporte , pasó a vivir en Andorra . Posteriormente se instaló en la Seu . En 2007 publicó su autobiografía El eterno descontentos. Memorias de un luchador por la libertad en la guerra civil española y en la segunda guerra mundial .
Ese mismo año , junto a otros pasadores catalanes , fue objeto de un pequeño homenaje a Esterri d'Àneu ( Pallars Sobirà , Cataluña ) . El 11 de abril de 2011 el movimiento libertario le rindió un homenaje en el Centro Cívico de la Seo de Urgel .



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